UN MENÚ DEGUSTACIÓN: NUEVOS Y VIEJOS TERRORES

Por David Martin Acedo

Mientras esperamos con impaciencia el estreno de algunos títulos de terror muy suculentos –It, Get Out, Jeepers Creepers 3 o Alien: Covenant-, traemos a vuestra mesa un conjunto de siniestros aperitivos que tal vez hayan pasado de puntillas por las carteleras o la televisión. La carta que presentamos se compone de platos internacionales, que mezclan sabores bien diversos –demonios, vampiros, zombis,…-, y deseamos que se sirvan de noche, a ser posible durante la madrugada.

El primer plato de la noche resulta ser una serie por la que nadie hubiera apostado un céntimo, condicionada por el colosal referente del que partía, pero como Fargo se ha convertido en una sorpresa mayúscula, una propuesta inteligente, bastante espeluznante y con una muy calculada apuesta de sustos y guiños a la película original. Hablamos, por supuesto, de El exorcista que iniciaba su andadura con un piloto rotundo que recuperaba el espíritu setentero de aquella cruda película sobre culpa, conflictos familiares, adolescencia y por supuesto, posesiones demoníacas. No sólo sorprende cómo recoge, sin plagiar, las mejores ideas del clásico, sino que amplía y añade su propia mitología. Sin destripar los muchos –y terroríficos- encantos de la serie, destacaremos la trama de conspiración y los ejercicios de manipulación de un súcubo tan malicioso como insidioso. Que apenas utilicen Tubular bells demuestra su intento –y éxito- de no aludir machaconamente al clásico. Geena Davis como madre atormentada y el padre Marcus sobresalen entre el elenco de personajes, enfrentados en la vieja batalla cristiana.

Mientras los festivales han celebrado exquisiteces experimentales como Crudo o The neon demon, nosotros acudimos a Japón (aunque Corea del Sur despunta hoy en este género) para divertirnos y aplaudir hasta rabiar con dos películas como Train to Busan y en especial, I am a hero. Mientras la primera resulta un Speed muy adrenalítico, centrado en la supervivencia de un padre (egoísta, quintaesencia del ejecutivo sin escrúpulos) y su hija a bordo de un tren, asediados por un apocalipsis zombi; la segunda, basada en un célebre manga, aparta el drama familiar para reflexionar sobre el heroísmo de un freak solitario, obligado a sobrevivir y a soñar contra viento y marea. I am a Hero posee la factura de una superproducción:, ya la espectacular carrera por la ciudad, caótica y delirante, demuestra que la serie B puede ofrecer grandes experiencias cinematográficas; pero no es la inversión millonaria por lo que la traemos a este menú nocturno. En lugar de los zombis corredores de Shaun of the dead o los arrastrados de Romero/Kirkman, nuestra película propone un nuevo muerto viviente: cada uno repite el mantra de su vida pasada, se hinchan y deforman horriblemente, muestran una fuerza increíble y como siempre, eso sí, muerden e infectan. Añadan un humor negrísimo como el alquitrán, un aderezo gamberro e hipercrítico con nuestra sociedad consumista y sírvanse grandes raciones. Lo que Guerra Mundial Z pudo ser y no fue. Lástima de un tramo medio algo desinflado, que afloja el cardio hasta su espectacular final en el párquing.

La tercera podría discutirse si es la lovecraftiana –y bastante marciana- The Void, Melanie (the girl with all the gifts o la muy encomiable –aunque siempre minoritaria- Under the shadows, pero preferimos salirnos por la tangente y escoger en la carta de postres La autopsia de Jane Doe. En una sala de morgue diseccionaremos, junto a un padre y su hijo, el misterio de una joven que ha muerto en misteriosas condiciones. Como un enigma detectivesco, empleando la deducción y el análisis científico, la película resume a la perfección lo que entendemos por tensión, tal vez el primer motor del miedo, con muy escasos medios, sin mostrarnos apenas nada, insinuando –como una llamada a altas horas de la noche, unas extrañas luces en la carretera, una ventana abierta-, sin efectos ni vísceras. Para quienes sientan nostalgia de un buen guion y los hábiles trucos del suspense, aquí la tienen servida, fresca y al punto.

Y si tienen deseos de más, acudan a la hemeroteca, allí podrían rescatar la árida y vampírica película de Bigelow, Near dark, o mejor, echarse unas risas con The gate. Que cada cual se sirva a su gusto.

FotoJet Collage

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