IT de S. King : Volvemos a casa (I)

Por David Martin Acedo

La novela de Stephen King empezó con la travesía de un barco de papel hacia una oscura cloaca. Con ayuda de parafina y el esmero de un hermano mayor, un barco llevaba tras de sí a un niño, vórtice y motor –de venganza, de batalla- de It, publicada en 1986 y ambientada en una ciudad imaginaria: Derry,

De nuevo, tras casi veinticinco años de mi primera lectura, vuelvo a subirme a él para recorrer la vieja ciudad de Derry y reencontrarme con It. Esta vez queda muy atrás mi adolescencia, pintan canas y arrugas mi traje, ahora resulta pues bastante más difícil iniciar el rito de Chüd: ¿queda magia y horror en los bolsillos del adulto que se asoma a esta novela? Regresar a It es regresar a un tiempo, a un estado de ánimo y no sólo a otra novela más de terror, de monstruo en el armario. Revisito esta novela con cierta nostalgia, movido por la curiosidad, instigado por la nueva película que se avecina para septiembre[i]: como se acude a un pueblo de la infancia –ahora convertido en municipio con multisalas y muchos parquings-, como se pisan hojas muertas o un cine medio derruido. Lleno de temor y nostalgia. Mi travesía por este libro me ha deparado viejos recuerdos y gran sorpresa.

Cada veinticinco años -¿recordáis, viejos amigos?-, una criatura despierta en el corazón de Derry para alimentarse de niños, pero en 1950 un grupo de chicos, los Perdedores, deciden por primera vez hacerle frente. El retrato de ese club, desgranado capítulo a capítulo, permite al lector convencerse de que viven y pasean alrededor nuestro y la soledad de la lectura se llena pronto de risas, murmullos, de gozosa compañía. Podríamos saludar y reconocer a cada uno en las calles del ensueño: Bill Denbrough el tartaja, Eddie Kasprak el asmático, Mike Hanlon el negro, Bev Marsh la rara, Richie Tozier el cuatrojos , Ben el gordo, Stan Uris el judío. Por encima del horror o la mitología cósmica, It se esfuerza por describir esos veranos infantiles, tan eternos como frágiles, cuando la amistad forjaba alianzas de toda una vida. Esos instantes del azul del cielo, cuando la inocencia y el afecto se entregaban al juego, son la tela con que King nos atrapa y seduce. Por el camino de la emoción y la evocación, It se convierte en la gran novela, destinada a adquirir forma de clásico.

A través de ese club de perdedores, King comienza a perfilar las heridas, los traumas con las que It/King fabrica sus pesadillas: el racismo (Mike), la demencia (Henry), los abusos (Bev), la soledad (Ben) , los afectos tóxicos (Eddie), las ausencias o la muerte (Bill),… A diferencia de Stevenson, más proclive a llenar de ambigüedad el escenario de la infancia, King delimita con cierto maniqueísmo las fronteras del bien y el mal: al fin y al cabo, como Tolkien, It se construye como una fábula sobrenatural, terrorífica pero clara, en la que se enfrentan dos universos. Por un lado, el club de los Perdedores (la tortuga[ii]) y la pandilla de Henry Bowers (It).

En los jóvenes reside una magia prístina, ingenua, que puede generar deudas y sacrificios, pero nunca abandonan el reino de la santidad, el de la bondad sin claroscuros. Su capacidad de supervivencia y lucha les viene dado por el destino (son elegidos[iii]), pero también de la fuerza de la infancia, una estación colmada de rasguños y risas: “tal vez por eso Dios nos hizo niños, para empezar cerca del suelo”.

En cierto modo, esa evocación de la infancia y ese magistral retrato del club sólo los alcanzan a ver el lector (y el futuro crítico) gracias al veterano oficio de King, tras una década llena de obsesiones y experimentos, y a una inclinación, llena de talento y gracia, hacia una generosidad sin límites. Intentaré explicarme: mientras algunos consideran que el volumen de páginas de muchas de sus novelas, además de su prolífica carrera, lo propician el interés comercial o una incapacidad de síntesis, otros vemos como en esta novela que King quiere entregarnos todo, no se reserva ni esquilma nada para sus futuras novelas.

El detallismo y una enérgica documentación (y observación) propician que estemos dentro de la novela, que oigamos la respiración de sus personajes y la ciudad de Derry. Un cerebro que humea y aúlla, como el de King, ofrece todo al lector; elimina los bastidores y las sobreeexplicaciones para dedicarse a edificar sin diques o frenosuna vasta epopeya, que puede insinuar cosmogonías (que conecten con La torre Oscura), que persigue la vastedad ficcional –por ahí aparece Hallorann del Resplandor o “cierto policía loco de Castle Rock”- y hasta darnos hilos, semillas sin su ovillo o árbol.

Esa torrencial escritura otorga vida y luminosidad, únicas, a la vasta novela de King. Sólo con esta inclinación generosa podía King crear su hermoso haiku… Pero demos descanso al pequeño barco de George y dejemos flotando para un segundo artículo estas últimas conclusiones.

It 2

Cubierta USA para la edición 25 aniversario

 

[i] El tráiler augura mejores resultados que la antigua miniserie.

[ii] Para los más interesados en King, recordemos que esta novela se relaciona con La Torre Oscura: It es Robert Gray y la Tortuga, Maturin en su magna obra.

[iii] Bill fue a enfrentarse a la banda de Henry con “la cara de un niño que no estaba más cuerdo ni más al mando de sus acciones que el propio Henry”.

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