LEGION: PÁJAROS DODOS Y PSICODELIA

Por David Martin Acedo

Existen debajo del asfalto, en lugares inhóspitos, bajo brumas psicodélicas, celebradas por fieles adeptos, series de televisión que abren brechas. Algunas de ellas nacieron sin precedentes, apenas lograron existir con una temporada sobre las espaldas. De algún modo con ellas se rompió el molde. Tan excepcionales que confundieron e indignaron a buena parte de la audiencia. The Young ones, Twin Peaks, Utopía, Muchachada nui, Firefly, The fades,… Como rosas de Jericó, tienen una extraña naturaleza que sorprende y aturde al que la toca. Nacieron de algún modo estériles, sin imitaciones ni secuelas, y se les recuerda como extraños pájaros dodos, inolvidables, extintos, ante los que la crítica pasa generalmente de puntillas porque ¿cómo han de clasificarlos?

Con apenas siete episodios emitidos, Legion parece engrosar la lista de rarezas en la parrilla. Es la serie de superhéroes para quien está harto de los fucking superhéroes, como reconocía su showrunner, nada menos que Noah Hawley, el alma de una de las mejores series de esta década, Fargo. Sus tres primeros minutos anunciaban con rotundidad que este es un producto visualmente arrollador y que sitúa a la enfermedad mental, un todavía incomprensible tabú social, en el centro de la trama. Vemos en la apertura a David en instantáneas, que van desde su infancia hasta el momento presente, mientras la enfermedad mental lo invade y transforma. Si Bryan Synger quiso abordar y metaforizar con sus X-Men los conflictos de los inadaptados, Legion se adentra en los escenarios de la mente. La serie confunde, engaña y perturba al espectador porque traduce los estados del inconsciente y la psique quebrada, ya sea el miedo, el trauma, la esquizofrenia o la paranoia como actores de este drama, acuñado tiempo atrás en Marvel Comics.

Nos sumergimos en un terreno quebradizo. David es un mutante que ignora su incalculable poder; tanto la División 3 como Summerland combatirán por cobrarse esta pieza; un amor imposible; mutantes que acceden a la memoria, que se desdoblan, que dominan el campo astral,… Nada es lo que parece, una narrativa fragmentada, falsas pistas convierten esta serie en un acertijo de ocho episodios. Formalmente, la serie desafía las convenciones: algunos han comparado su bizantina propuesta con Wes Anderson o el Hannibal de Bryan Fuller. No andan desencaminados.

Al fin y al cabo, la estética de la serie se inspira en los psicodélicos años 60, en Quadrophenia, en Terence Stamp, en el Dark Side of the moon de Pink Floyd. A medio camino entre el punk y el glam de Bowie, la serie se permite toda clase de libertades y experimentaciones: canciones con banjo, bailes, homenajes al cine mudo, guiños al arte psicodélico y a los viajes alucinados de la generación beat. Nos alejamos de la alegría de The Flash o Supergirl y del existencialismo sombrío de Nolan o Daredevil, porque Legion indaga en los espacios de la locura, del suicidio, de los pánicos nocturnos, de la pesadilla y del psiquiátrico. Se suceden los momentos de horror, de puro terror, que firmaría el Lynch de Carretera perdida o Mullholand Drive, cuando aparece un extraño parásito de ojos amarillos, a veces en harapos, a veces un cartoon enojado, que recibirá nombre a partir del sexto episodio de la serie. Es explícita como lo suele ser el inconsciente, libre y sin censuras: la sexualidad[i], tanto carnal como espiritual, y la violencia[ii], retorcida y sangrienta, se desbordan por momentos.

Desafiante y única, Legion ocupa grandes pabellones vacíos, recovecos y esquinas afiladas, laberintos y desiertos, piscinas abisales y cielos infinitos. Porque no estamos en Metrópolis ni en Gotham, sino en el vasto reino de la mente. Absurda y caótica por momentos, a medio camino del delirio, kafkiana y surrealista, Legion recibió un 8,8 en IMDB. A falta de un último episodio, Legion se ha convertido en un artefacto ingenioso, donde sueño, memoria y locura abren nuevos caminos para la televisión.

Si Dirk Gently no hubiese sido emitida este año, podríamos hablar de la serie más extraña e irrepetible. Tal vez no convenga tanto superlativos ni tantos exordios. Pero para no chafar la sorpresa ni desgranarla, pues apenas ha comenzado su andadura, hemos intentado hablar de Legion sin hablar demasiado de ella. Permítanme la contradicción y el absurdo.

Ya somos legion.

Legion

[i] El electrizante baile de Lenny en el episodio 6.

[ii] Mutilaciones, cuerpos en estados imposibles de concebir, muertes y agonías en el tenebroso episodio 5.

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