Jane, el zorro & yo

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Hoy he vuelto a pasear por los gélidos campos que rodean la mansión Thornfield, pero no de la mano de la joven Jane Eyre, sino de Hélène, la protagonista de la demoledora y preciosa novela gráfica que han creado Isabelle Arsenault y Fanny Britt. He caminado junto a ella, sintiendo su soledad, su deseperación, su temor y sus ilusiones. Y, junto a ella, también he escapado de su realidad para rodearme de la campiña inglesa en la que Charlote Brontë situó su magnífico drama: porque Hélène es víctima de bullying, del desprecio de sus compañeros, de la miseria moral de los que le rodean.

 

La crudeza de la narración, junto con el blanco y negro (y su sempiterno gris) que inunda la cotidiana realidad de su protagonista, alejan a esta obra de cualquier filtro edulcorante. A todo ello ayuda que sea la propia voz de Hélène quién nos narre, a modo de confesión o, quizás, más bien de diario, el viaje tanto físico como emocional que realiza días a días. Porque no son únicamente las temidas jornadas en el colegio, rodeada de insultos y compañeros que parecen no verla; tampoco son únicamente sus viajes en autobús, donde sigue escuchando las burlas y calumnias; y tampoco sus días en una casa donde nadie parece darse cuenta de su padecimiento. No es solamente todo ello, sino que uno acaba sintiendo la propia distorsión emocional de la protagonista, acaba percibiendo únicamente la sombra oscura y abominable que otros le hacen creer que es. Sin duda, la breve escapada con su madre para comprarse un traje de baño nos hace partícipes del incipiente temor a su propio cuerpo. Un cuerpo que se acaba conviertiendo en una sombra que transita por las calles, el colegio, la casa: los grises de sus viñetas calan en nuestra mirada, hacen que nuestras pupilas no puedan reconocer las notas brillantes.

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Una brillantez, un colorido que sólo asaltan en algunas viñetas, precisamente en aquellas que parecen escapar de la cotidianeidad: las fugas literarias, tan breves como necesarias, a los parajes de Jane Eyre, son las notas de color que dan intensidad, que permiten una ruta de escape no hacia fuera, sino hacia el interior de Hélène. Un mundo de color, un paisaje de impresionante belleza el de la fértil imaginación: la protagonista se refleja y se reconoce en la ficción, estableciendo un puente por el que poder escapar. Y al final del puente, de vuelta al mundo real, nos espera un zorro: un tímido y curioso ser, una brecha extraordinaria en un mundo gris y cotidiano. Un elemento, un instante, de impronunciable belleza: una grieta por la que entra lo excepcional, en los que irrumpe en la realidad una porción de lo desconocido.

 

No hay duda de que Isabelle Arsenault y Fanny Britt han creado una obra dolorosa, contenida y tan lacónica como melancólica: moviéndose entre la pesadilla cotidiana y el sueño de la ficción descorren el velo de una realidad terrible. Con un pulso narrativo y un trabajo artístico que alcanzan cotas de excelencia, Jane, el zorro & yo es uno de los puntos álgidos de la novela gráfica publicada durante el pasado año: no tengan miedo de coger de la mano a Hélène y recorrer con ella las frías calles de Montreal, los pasillos de su instituto, las habitaciones de su casa; en definitica, de compartir sus temores y sueños. Porque la ficción sirve para reconocer lo más oscuro de nuestro mundo, pero también para mostrarnos la luz que puede irrumpir fugazmente en nuestro día a día.

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