LOS ECOS Y LAS VOCES

Por David Martin Acedo

A los idealistas inveterados

I

“La causa principal del problema es que, en el mundo moderno, los estúpidos son arrogantes mientras que los inteligentes están llenos de dudas” Bertrand Russell

Nuestro incipiente siglo XXI ironiza de forma siniestra con el Manifiesto Comunista: un monstruo y no un fantasma recorre Europa y Estados Unidos. El fascismo (2.0) avanza con paso incansable por las urnas. Los mercados sostienen el aliento a la espera de que estos nuevos líderes aprueben y respalden el libre mercado, el crédito, la especulación. El capitalismo podrá abrazar estos fascismos sin sobresaltos ni náuseas, pero la democracia no.

La democracia no sobrevivirá si este oleaje de nuevos fascismos prospera. El espíritu dialogante y socrático de nuestras sociedades ha sostenido cualquier debate abierto sin miedo; las instituciones han protegido al ciudadano gracias al amparo del estado del bienestar; la cultura ha seguido hasta hoy siendo humanista y científica, observadora, “nada de lo humano me es ajeno” como dictaba Said. Hasta ahora. Cuando los grandes relatos quedan pulverizados –gracias a Freud, Marx y Darwin, el hombre ya liberado de viejas ilusiones y absurdos imperios-, quedan dos caminos: la deshumanización o el humanismo.

Desde los años 70, se ha impuesto un capitalismo deshumanizado sin rival ni oposición. Cayó el muro y la banca, hasta ahora, sigue ganando la partida. A costa del hombre y la mujer. Algo va mal, dice el título de Tony Judt. La sociedad no existe, sólo hay individuos y familias anunciaba Tatcher. Adiós al New Deal, bienvenidos a la Crisis y a las nuevas esclavitudes. En lugar de redistribución, desigualdad; en lugar de equidad, recortes; en lugar de la justicia y la bondad, la escuela de negocios. Si no recuperamos el sentido político de la vida, humanizando la economía, afrontando las amenazas –crisis de refugiados, cambio climático, terrorismo, corrupción- con respuestas globales, complejas e integradoras, los individuos buscarán el orden y la autoridad a costa de la libertad y la democracia.

II

“El laicismo no tiene ningún misterio, ni santos, ni clérigos, ni falsedades, ni milagros, ni persecuciones. Valora los lirios del campo y piensa en el mañana. Mira al mundo” Robert G. Ingersoll

Frente a la doctrina del miedo, se requiere a ensayistas que pregonen un humanismo como el que Said proponía. Combatir el fervor religioso, el nacionalismo, apostar por una idea universal, multicultural que integre las diferencias, sin anularlas. La misma idea de Europa era reivindicada por Steiner no como un conjunto de tribus ni un sueño nostálgico y eurocéntrico, sino como una apuesta integradora. Hasta ahora, sólo parece restar en pie la unión monetaria.

Pero muchos periódicos parecen mudos. Algunos incluso esbozan con timidez un “populista” para Trump cuando otro adjetivo debía culminar su campaña y su espeluznante victoria ¿Y los intelectuales?

En este país se da un raro fenómeno. En lugar de intelectuales (los hay), abundan los opinadores, los columnistas, los tertulianos. Rahola, Sardá, Reverte, Savater, Inda, Monedero, Ángel Rodríguez, García Serrano, Sánchez Dragó, Marhuenda… Son legión. Púgiles del debate, vociferan y a veces, escuchan; han convertido la argumentación en falacia, sus tesis en síntesis sin apenas dialéctica. Muchos se comportan como enjambre: territoriales y agresivos. Cada uno protege su nicho, su cuota de pantalla; titulares y trending topic, aforismos agudos y descalificaciones fulgurantes. Las nuevas ideas se interpretan como subversivas, los cuestionamientos se ventilan como intrusos. Pájaros exóticos de hermoso plumaje, de vuelo corto, que sólo en climas cálidos sobreviven. Viscerales, poco analíticos.

En esta tierra, se multiplica esta rara clase de intelectuales, que suelen presentarse rudos y dogmáticos en el salón de sociedad, les importa bien poco si conocen la materia o la especialidad, se trata de ser original, brillante, brutales y torpes como el borracho de bar. Algunos de ellos postulan periodistas y otros, escritores; sin embargo, tienen la capacidad de la idoneidad, de aglutinar todas las especialidades y saberes en su ser. Ciencia, política, sociología, urbanismo,… Por supuesto, al practicar ese alegre mariposeo, un libar en todos los lugares, yerran y ¡de qué modo! En el magistral ensayo de Ignacio Sánchez- Cuenca, el autor desmenuzaba los más peregrinos argumentos que sustentaban sus ensayos y artículos.

Ninguno anunció la crisis, aunque V de Vivienda lo pregonara cada día por las calles. Hoy hablan de la independencia de Cataluña; mañana, de la victoria de Trump; después, de los toros o del cambio climático. Los temas, diversos; el tono y las conclusiones, similares. Con su sobreexposición, ¿cómo encuentran tiempo para formarse, investigar, reflexionar y cuestionar los discursos hegemónicos? Escriben de política, pero han leído a Marcuse, a Marx, a Maquiavelo, a Foucault… Yo emito juicios, pero ¿en qué se sustentan y alimentan?

¿Estos intelectuales han de ser los únicos taquígrafos de nuestro tiempo? Al facilitarles una gran tribuna a estos personajes para valorar y dar testimonio de nuestra realidad, facilitamos también un relato imperfecto de la historia. Como atestigua Gregorio Morán, los intelectuales en su mudez o cesión proporcionaron a la transición una derrota democrática y una victoria franquista. Pensar que hasta la fecha sea la novela En la crisis de Rafael Chirbes la mejor radiografía, repito: una novela, el mejor ensayo sobre nuestra crisis resume el silencio o marasmo de su entorno. Antes de que la transición fuera desmitificada, también Chirbes había señalado en Los viejos amigos la vergüenza moral de la izquierda. Tanto escuece en su disparo este novelista, alejado de focos y tribunas periodísticas,  que suelen colocar una de sus novelas (por fuerza y a regañadientes) entre lo mejor de la literatura contemporánea. Que le pregunten a Babelia.

En el ensayo de Sánchez-Cuenca más riguroso que deslenguado (aunque noquee sin pretenderlo a los ilustres Vargas Llosa, Muñoz Molina, Cercas, Pérez Reverte, Rico, Savater…), retrataba a estos intelectuales como renovados noveyantochistas, apenas interesados por el más allá de España. ¡A estas alturas del partido! Agresivos, sin profundidad, con grandes tentáculos en distintos medios, todo lo novelizan. Nunca rectifican. Sin rubor, unos idolatran a Aguirre y demonizan a Iglesias; sin empacho, igualan nacionalismo con terrorismo. Sin datos ni argumentos corroborables,  muchos generalizan y adoctrinan.

desfachatez

III

Sin embargo, en el terreno del intelecto, no quiero genio, ejercicios de estilo, individualismo o pasión; a los ensayistas les reclamo moderación, investigación, reflexión, autocrítica. No quiero ser vencido, más bien convencido. Bien sé yo que nada sé, por eso leo y al menos, quiero leer bien. No hay contrincantes ni enemigos; no quiero que sienten cátedra; se trata más bien de abrir espacios de diálogo, preguntar, indagar. ¿Cómo estos columnistas pueden hacer todo eso si están en la televisión, en la prensa y en la radio las veinticuatro horas del día? En lugar de sobreexposición mediática, estudio.

Cuando el fascismo crece, los ensayos y el humanismo han de combatirlo con sus propias armas. Las letras de la inteligencia. Basta de aforismos: párrafos; basta de yoísmos, quiero citas, recomendaciones y autoridades. Basta de aislacionismo, de hispanismos: el análisis ha de ser global, comprensivo y multicultural. En un mundo desengañado y en peligro, necesitamos ciudadanos críticos. Si parte de los “intelectuales” en este país no están a la altura, los ciudadanos no debemos rebajarnos, ellos han de elevarse;y si quieren vivir de twits, trending topics, titulares y columnas amarillentas, queden solos junto a sus ya convencidos.

Edward Saïd señalaba cuál podía ser el mejor camino del humanismo tras el 11-S. Nada que ver con esa visión aislacionista, aristocrática y un tanto malhumorada tanto tiempo celebrada: más bien ha de buscar lazos, ampliar la comunidad sin nostalgias ni veneraciones. “Cada mente particular debe aprender la lección por sí misma, debe recorrer todo el camino. No conocerá aquello que no vea, que no viva”. Como lectores, nos tocará prescindir de tantos tertulianos y articulistas subvencionados por el poder porque los humanistas se alimentan de autocrítica y autoconocimiento. Si perro no come perro: ¿pueden ellos mostrar audacia y radicalidad, ejercitar el contrapoder, desde unos medios controlados por la banca y la especulación? Sin independencia, ¿hay credibilidad? Ante los que avivan la rabia y el choque, nos tocará el trabajo de buscar a los humanistas, los que pregonan la tolerancia y el encuentro de ideas. Valoraremos la mirada que se ensanchar y se dirige hacia los más vulnerados, las minorías, las mujeres, los afroamericanos; más cerca de la disidencia (forastero antes que patriota) que de la sumisión.

Dura tarea. Sin duda. Porque obliga a salir del centro, del horizonte restringido y caminar hacia la utopía, abordando lo oculto y lo enmascarado. Pero no es un trabajo solitario: para enfrentarse al fervor religioso, desafiar las pasiones colectivas y el pensamiento identitario, los humanistas realizan su labor de forma colectiva, solidaria. Las experiencias, las investigaciones, los descubrimientos en un entorno democrático, secular y cooperativo, el humanista no se encuentra nunca solo, aunque sí asediado.

IV

“Estamos de pie en medio de la montaña de escombros de las verdades absolutas” Hanna Arendt

Quiero pensar que este tiempo venidero no exigirá héroes. Pero sí una responsabilidad, un ser sin complicidades con las amenazas fascistas, actuar y pensar como ciudadanos críticos. No conviene trivializar a la ultraderecha. Cuando las reglas universales fiables no existen, la autocrítica y el ejercicio moral desde la experiencia resultarán cruciales. No nos valen hoy esas versiones lights de intelectuales que llaman tertulianos.

Como nos recuerda aquella pancarta en Sol, no estamos solos. Porque el ruido de los tertulianos no impide que hayan esfuerzos humanistas desde todos los frentes, sumando esfuerzos y como señalaba Marx de la filosofía, transformando la vida: Vidas hipotecadas de Ada Colau, Artur Mas: ¿dónde está mi dinero? de Marta Sibina y Albano Dante, Papel Mojado, La desfachatez intelectual, Algo va mal, La demonización de la clase obrera,… Y sobre ellos, siempre Hanna Arendt y Montaigne.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s