CÓCTEL VERANIEGO: algunas recomendaciones

Por David Martin Acedo

BUSQUEN UN LUGAR FRESCO:

Estamos ya en pleno julio. Las chicharras berrean con sus violines desafinados en los campos, la luz baña de un deslumbrante blanco las calles y las temperaturas nos prometen otra noche difícil. En nuestro país, además, los salarios menguan, el estado del bienestar se resquebraja y el resultado de las urnas vaticina otros cuatro años de mala suerte o mejor dicho, de latrocinio y miseria. Pero desesperen, algo nos queda. Junto a la lucha, el humor y la esperanza (no las pierdan en el largo camino de esta legislatura), el mediterráneo nos promete dos dones: el sol y el tiempo libre. Si pueden, disfruten de ellas el máximo posible y siéntense a la sombra, junto a la playa o la piscina, en el catre o en un banco, tanto da, mientras llega el cambio. Y pidan con amabilidad uno de nuestros combinados. ¿Preguntan cómo hacerlo? No se preocupen, aquí tienen la respuesta:

INGREDIENTES

Unas gotas de limón. Conviene algo cítrico para animar el paladar y espantar al gato. La sátira siempre viene al pelo en estos casos: algún ejemplar de Mongolia escuece y entretiene como una raspa la garganta, ya sea una burla política, una portada ácida que repela a fascistas o una reflexión de Darín sobre los límites del humor. En caso de no disponer de esta revista ya que su quiosquero las esconde o las devuelve mientras recuerdan: “esto con Franco no pasaba”, acudan a algún monólogo de Ricky Gervais (¿se puede hacer humor con nazis, Anna Frank o el Sida y no morir en el intento?) o vean la inolvidable Lenny. El humor siempre disgusta al poder y es indispensable para lograr este combinado veraniego. Como sustituto, también sirve Orgullo y satisfacción. Almacene en su despensa una buena cantidad antes de que la censura nos prive de este delicioso sabor.

Unos granos de pimienta. No todos los paladares admiten bien este punto de picor, pero los más valientes pueden intentar engullir uno de los mejores cómics de los 90: Preacher, la locura escrita por Garth Ennis llena de delirio aberrante y humor cáustico. Un reverendo, Jesse Custer, en la Texas más profunda absorbe a Génesis, una poderosa criatura, hija de un ángel y demonio, que le permite tener la Palabra de Dios, es decir, sus órdenes son obedecidas por quien las escuche. Nada mal, ¿no? Como si no fuera suficiente, Dios ha bajado a la tierra y Jesse decide ir en su búsqueda para pedirle explicaciones junto a su novia y un vampiro irlandés, Cassidy, provocador, el típico colega para irse de juegas y animar la noche. En su larga odisea, se cruzarán el Santos de los Asesinos, una secta llamada el Grial y… ¡caraculo!, un joven que se disparó en la cara cuando Kurt Cobain se suicidó. Lo más sorprendente del cómic, agarrénse, no es lo altamente adictivo que resulta sino que tiene una adaptación televisiva en curso. Un delicioso elenco de actores y un estilo brillante, a lo Tarantino, lástima que no sepan cómo abordar la nitroglicerina de Garth Ennis.

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Algo oscuro: conviene oscurecer la mezcla. ¿Qué mejor manera de llenar de sombras nuestro combinado que algo de terror? Acudan a la casa encantada por excelencia: La maldición de Hill House. Junto a El Resplandor de Stephen King y La casa infernal de Richard Matheson, Jackson escribió una novela de angustia psicológica en la que una mujer insegura y atormentada, Eleanor, establece una inquietante conexión con un caserón maldito. La forma de deslizar lo siniestro y el tabú, a través de una mente inestable, se traduce en una gran novela con uno de los más inolvidables principios:

“Ningún organismo vivo puede prolongar su existencia durante mucho tiempo en condiciones de realidad absoluta sin perder el juicio; hasta las alondras y las chicharras sueñan, según suponen algunos. Hill House, que no era nada cuerda, se levantaba aislada contra el fondo de sus colinas, almacenando oscuridad en su interior; así se había alzado durante ochenta años y podría aguantar otros ochenta. En su interior las paredes permanecían derechas, los ladrillos encajaban perfectamente y las puertas estaban sensatamente cerradas; el silencio reinaba monótonamente en Hill House, y cualquier cosa que anduviese por ella caminaba sola”

A falta de esta nota de solitaria oscuridad en nuestro combinado, podemos helarnos también la sangre con El día de los trífidos de John Wyndham. En una acertada mezcla de terror y ciencia ficción, un biólogo despierta en un hospital con los ojos vendados y tras zafarse de la venda, descubre que esa noche un extraño cometa provocó la ceguera de toda Inglaterra. En ese infierno dantesco, unas extrañas plantas –los trífidos- empiezan a conspirar contra los últimos supervivientes. Con un diseño perfecto, propio de novela breve e intensa –sinónimo de diversión pura, sin abultamientos ni excesos retóricos-, Whyndam nos aterra con un escenario apocalíptico de casitas campestres asediadas y ciudades destruidas, pero también por la conducta de los supervivientes, dura, miserable. Antes que La carretera o The walking dead, Whyndhan ya había acusado al hombre de ser el peor lobo para el hombre. Otros sustitutos, no menos aterradores, son las películas The Witch: atmosférica, envolvente recreación de los primeros colonos y las brujas auténticas, las de los grotescos cuentos infantiles; The invitation: un tour de force paranoide y asfixiante hasta su último tramo, muy recomendable para acabar una velada con amigos y conocidos.

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Algo frío: ¿cómo podemos lograr un buen combinado sin un poco de hielo? Nada hay más frío que el Muro de Poniente e Invernalia. El noveno episodio de la sexta temporada de Juego de Tronos mezcla estos gélidos escenarios en una de las más tensas batallas que este año haya visto. Por episodios como este Juego de tronos ha llegado a traspasar las minorías de la fantasía épica y entrar en el mainstream. Los lectores de Canción de hielo y fuego vivirán, además, su primera temporada sin el complemento de los libros: ya no podremos mirar de reojo y con una sonrisilla maliciosa a nuestros compañeros de piso. Estamos como Sansa en Desembarco del Rey: a verlas venir.

Un toque de dulzor: para llevar el paladar hacia nuevas sensaciones, untemos con un poco de nata y fresa nuestro frío refresco. Evitamos empalagar al cliente con la divertida serie de Jude Apatow, Love, protagonizada por un desorientado guionista, una especie de Woody Allen con mala fortuna en el amor, y una desquiciada Gillian Jacobs (¿recuerdan Community?), que de forma casi accidental se enrollan una noche. A partir de aquí, en lugar del “fueron felices y comieron perdices”, descubrimos cómo es una relación amorosa, o sea, mucho desastre y mucha magia mezclados. “Gafota friqui conoce a chica guapa” o “dos viejóvenes tras un lío de una noche” podría titularse. Y si quieren otra romántica para endulzar y no excederse con la glucosa, pueden regresar a Crazy Stupid Love o al noveno episodio de Master of none, titulado Mornings, un sintético retrato de la vida en pareja sin acritud, experimenta visión de las rutinas y el inevitable desgaste de la convivencia. Ya ven, dulzura, pero sin excederse para no ahuyentar a diabéticos y atraer a algún que otro hipoglucémico.

Hoja de menta: nos resta añadir el último toque de diseño, tras agitar toda la mezcla, aquella que colorea y añade glamour al conjunto. Los que emplatan saben bien la importancia de la imagen. Unas hojas de menta refrescan. A falta de que George R. R. Martin acabe de hornear y publicar Vientos de invierno, podemos refrescar nuestra memoria sobre Poniente y los Siete Reinos con la agradable lectura de los tres cuentos de Dunk y Egg, publicada por la siempre recomendable Gigamesh, llenas de aventuras, ternura y un cierto distanciamiento con respecto a las intrigas y masacres a las que nos tiene acostumbrados el muy maquiavélico Martin. Somos también muchos los que añoramos el ingenio y el calculador cerebro de Walter White, el químico ascendido a gángster de Breaking Bad y ¿qué mejor manera de refrescar aquel mundo de Vince Gilligan que la estupenda segunda temporada de Better Call Saul, serie de personajes y hábilmente concebida para deleitarnos con la supervivencia de un pícaro abogado y un inolvidable Mike?

CÓMO TOMARLO

Remuevan, no agiten la mezcla. Sírvanlo frío. A cualquier hora sienta bien. Este combinado servirá para soportar la larga resaca de las elecciones. Y sino, para adaptarse a nuestros tiempos, pueden olvidarse de este combinado y ver La escopeta nacional o leer Los ladrones somos gente honrada para ponerse al día. Lo antiguo es ahora lo nuevo. Sí, amigos hípster, vivimos tiempos muy trash. Franco estaría muy orgulloso de este país.

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