Stephen King: mapa de carreteras

A Núria

Por David Martin Acedo

Para conducir, antes todos se lanzaban a la aventura, sin aire acondicionado, alternando pistas de casette, orientándose con vagas indicaciones, preguntando en pueblos, eligiendo desvíos equivocados, tomando tontas salidas a tristes gasolineras, a maravillosos puertos de montaña. Hoy tenemos GPS. Todos sospechamos cuál es la opción más cómoda para viajar, pero ¿la mejor?

En literatura siempre tomé la ruta antigua, la de las carreteras secundarias y caminos sin salida: una cita, la palabra de un escritor, una pista, una invitación… En este país, las revistas y suplementos literarios se venden al por mayor a editoriales; la estética y la calidad no se subastan generalmente en estas casas de mercaderes. Nunca tuve la suerte de toparme con un buen librero y los tímidos nunca molestamos a los dependientes. Pero a estas alturas, no quiero perder el tiempo y acudo a blogs, podcasts, personas de confianza para guiarme.

Quise hoy contribuir como paciente lector y crítico aficionado con una guía para llegar a Stephen King. No lo confundan con GPS ni manual de ayuda. Todo será aquí personal, ligero y apresurado. Considérenlos fogonazos como bengalas en la noche: iluminan y pronto se apagan. Abróchense y ajusten el respaldo, nos internamos en el universo de Stephen King.

Si toca mojarse y presentar unos imprescindibles, un vademécum que todo lector debería tener en su repisa, aquí van algunas de mis predilectas. IT: cada treinta años, una criatura ancestral despierta para alimentarse del miedo de los niños. Un grupo, bastante loser, de adolescentes se enfrentará en dos ocasiones al horror que se cobija en las alcantarillas y aparece, a menudo, disfrazado de payaso para atraer a las víctimas allí donde todos flotan. Una novela ambiciosa, de esas que ocupan todo un verano, que tiene la bondad de recordarnos qué dura podía ser la adolescencia. Tierna y cruel a partes iguales. Tiene un aire de nostalgia al dibujar aquellas amistades que nunca deberían romperse y sobre todo, la importancia de la imaginación para enfrentarse al Mal en estado puro. Ya el primer capítulo describía sin tapujos la muerte de un niño a manos de IT. Y se disfruta con las acotaciones en que Mike toma registro de cómo en el más remoto pasado It actuaba en Derry: matanzas, inundaciones….

Misery tiene el mejor malvado y una de las peores situaciones imaginables. Un escritor de éxito sufre un terrible accidente de tráfico del que sobrevive gracias a una mujer de carácter. Su mayor fan. Pierna enyesada, nieve alrededor y la sospecha de ser rehén de una criatura maniaco depresiva. Stephen King demostró que el terror no requería de monstruos y escenarios sobrenaturales: la claustrofóbica situación de un hombre sometido a la locura de una mujer que detestamos y también, logramos comprender. Suspense y una construcción de caracteres que podría utilizarse en muchas aulas de escritura creativa. Años después intentaría infructuosamente Stephen King recuperar ese tono de insoportable tensión y aislamiento con El juego de Gerald –si Grey hubiera dejado maniatada y sola en una cabaña a su modosita amante o cómo Nueve semanas y media puede convertirse en ¡Viven!-. Como dato curioso, la narración de Misery alterna con fragmentos de la novela escrita por el protagonista, la pesadilla de cualquier editor.

El Resplandor no es sólo una gran novela de casa encantada en la actualidad (ni Jack Torrance ni Danny llegan nunca a superar la personalidad torcida y densa del hotel Overlook), también nos descubre los infiernos del alcoholismo. En temporada de invierno, una pareja con hijo se muda a un hotel de montaña, aislado en la nieve, donde averiguarán que la sangrienta historia de sus habitaciones ansía absorber el don del pequeño Danny: el resplandor. Película y novela apenas comparten algo más que su título.

A mi juicio, la más terrorífica de sus novelas sigue siendo Cementerio de animales. ¿Cómo podía yo pasar auténtico pavor en una piscina durante un soleado agosto? De nuevo, tenemos a una familia que se muda y esta vez, el padre descubre un territorio indio, sagrado, que puede resucitar lo ya muerto. Una cadena de desdichas le llevará a utilizar esas tierras con fatales consecuencias. Como El misterio de Salem´s Lot, donde se recuperaba el mito del vampiro, aquí Stephen King coquetea con la temática del zombi y logra una de sus mejores novelas.

Cada cual elegirá sus predilectas. Creo que son buenas y no magníficas novelas las siguientes: La tienda: un forastero abre una tienda que ofrece a sus clientes sus mayores deseos y como en la pata de mono o Wishmaster, ya saben, cuidado con lo que deseas. Mala baba sin aditivos. Apocalipsis (o La danza de la muerte) es una grandísima novela –tanto en calidad como en extensión- y parece que logró atormentar durante un tiempo al escritor más prolífico con ¡un bloqueo creativo! Un virus reduce y casi destruye la humanidad, los supervivientes se dividirán para construir su propio sueño futuro; tan pesimista como apocalíptico, tiene ese aire de coherencia que tan bien concibió Whyndam en la estupenda Noche de los trífidos. Si quieren descubrir cómo Alejandro Magno cortó el nudo gordiano, aquí tendrán un ejemplo inolvidable. Y doloroso

Como diría –y haría- Rajoy, muy por debajo de sus posibilidades se encuentran: Tommynockers, Christine, Insomnia, El retrato de Rose Madder, Doctor Sueño, La milla verde, Saco de huesos o Cujo. Luego queda, justo en medio, bastante buen entretenimiento que no defrauda y podría estar en las mejores si mis preferencias no jugaran a su contra. Un hombre despierta de un profundo coma con el don (maleficio) de tocar las manos y averiguar cosas –asesinatos, genocidios, oscuras verdades- de la persona. Se trata de La zona muerta. En La cúpula, un pueblo despierta aislado bajo una invisible cúpula a la que nadie puede entrar o salir: amigos y amigas, las fronteras no crean pueblos más libres.

No se pierdan la ocasión alguna de sus colecciones de cuentos. Empiecen por El umbral de la noche y luego a gusto del consumidor: Pesadillas y alucinaciones, Historias fantásticas, Las cuatro estaciones, Historias fantásticas

Aceptemos la verdad: Stephen King no se agota. Es el maldito cuerno de la abundancia con cien musas a su servicio.

Dejo en este apartadero a Richard Bachman. Ya todos sabemos que se trataba de un seudónimo de Stephen King que urdió para no saturar el mercado con su nombre –colosal anécdota de una leyenda, tan cierta como increíble-. Pero Bachman no es del todo Stephen King: más bien estamos frente al primo encocado y psicótico de King, aún más peligroso que un mono con una hoja de afeitar. La emotividad y la psicología dejan paso a la violencia y el bad taste. ¡Fuera censura y moral! Si estas novelas las escribió bajo el efecto de las drogas, entonces no existe mejor campaña estatal para rechazarlas: menudas pesadillas. Todas las disfruté por su brevedad y brutalidad. Empiecen por cualquiera de ellas: antes del Bullying y Columbine, Bachman escribió Rabia; antes del Gran Hermano y los reality shows, escribió con La larga marcha y El fugitivo unas distopías que enamorarían a los simios de Pierre Boulle; antes de Arrástrame al infierno y las dietas exprés, escribió Maleficio (sobre este asunto recomiendo también El tratamiento del mono de George R. Martin).

Y si este GPS no les sirve, desconecten el artículo de sus circuitos mentales y vuelvan a la aventura de descubrir atajos y polvorientos caminos de gravilla para conocer el vasto territorio King. A veces, para encontrarse conviene perderse. Buena suerte.

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Mapa de La torre oscura

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