Show me a hero: La osadía de Simon

“Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia” F. S. Fitzgerald

Permítanme un ejercicio de especulación, una ensoñación gratuita. Por unos instantes, puedo ver en televisión una ácida miniserie sobre el entramado de corrupción que acosa a ciertos partidos políticos; un documental que aborda desde distintos ángulos los escándalos de los papeles de Panamá, la caída de Bankia, el juicio a miembros de la Monarquía; el surgimiento de la PAH y el 15M. Incluso alcanzo a imaginar una visión muy berlanguiana del pequeño Nicolás. Aquí acaba el ejercicio; a pesar de que hay talento e interés por estos hechos actuales, no creo que pase de estas líneas esta fantasía. ¡Sheeeet! Lástima. Faltan redaños como los de David Simon para poner toda esa carne en el asador.

Porque Simon ha reescrito en mayúsculas su realidad con The Wire, un artefacto de ficción que diseccionaba las entrañas del crimen, del sistema policial y judicial, el corazón de la educación pública y el periodismo con personajes muy humanos –desde Omar hasta Mc Nulty-. Viviseccionó sin heroísmo ni salvas patrióticas la guerra en Generation Kill y nos ha entregado dos muy recomendables testimonios escritos de la droga y el crimen en La esquina y Homicidios. Ni siquiera sus entrevistas resultan aburridas o cómodas: cada opinión suya haría temblar la ley mordaza.

No contento con todo esto, nos regala el pasado año una miniserie basada en hechos reales. La serie de HBO se centra en la carrera política del alcalde de Yonkers (NY), Nick Wasicsko, durante la década de los ochenta y noventa, sacudida por la ley judicial que obligaba a Yonkers a crear viviendas sociales para reducir la segregación. Apenas hace una década, rabiosa actualidad dirían. Esa ley sacudió la ciudad y provocó la airada respuesta de la clase media blanca que se negaba a aceptar esta orden judicial, basada en los derechos civiles. Wasicsko se encontró en medio de la tormenta perfecta: el miedo y el racismo larvado de la sociedad, el miedo de los concejales a perder votos, la posición de debilidad de los posibles beneficiarios. El simple derecho a una vivienda digna -¿les suena?- permite a Simon dibujar los posos de la ciudad en todas sus capas, otorgando voz a todos los implicados: seguimos la frustración del alcalde, las duras condiciones de los habitantes de Yonkers, la insegura protesta de una blanca,… Simon lo ha vuelto a conseguir: una incómoda mirada tan política como humanista de los grandes y pequeños ciudadanos, los invisibles y los poderosos, los despachos y los endebles pisos de alquiler de Yonkers.

Respaldada con una banda sonora liderada por Springteen, la serie muestra cómo el aislamiento incrementa la criminalidad de los barrios, la importancia del plan urbanístico en la justicia y armonía de sus habitantes. Las ciudades pueden ser tranquilos herbívoros o perfectos depredadores, según la desigualdad o el equilibrio entre sus partes. Los espacios íntimos dependen de los espacios públicos. Esta pequeña historia nos dibuja el presente y el porvenir de nuestras ciudades; como Dickens o Balzac, traza desde vidas locales, conflictos permanentes: la aparición del crédito que afecta a una tal Eugénie Grandet, una revolución altera la vida de unos taberneros parisinos.

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Abundan las pequeñas escenas que alumbran nuestras conciencias: la primera noche en vela de los inquilinos de las nuevas viviendas, las muy interesadas fotografías de Spallone en Yonkers, la visita de Nick a los principales beneficiados de la ley. Nunca hay una visión ingenua de Simon, pero esta vez sí existe un idealismo, un deseo utópico que impregna hasta los más hediondos tejemanejes de la política. A diferencia de The Wire, Simon intenta ir más allá de la habitual crítica a la política y se arriesga a dibujar a un hombre bueno y a gentes luchadoras. Tal vez cargue demasiado las tintas en favor de las gentes de las viviendas sociales, una carga muy emocional y dickensiana le lleva a santificar a las víctimas: tal vez la conciencia no pueda permitir otra descripción de las partes. Pero incluso en su benevolencia, su arte es ya maduro y en el tercer episodio nos recuerda: “la justicia no tiene nada que ver con la popularidad… pero la política sí”.

A falta de afiladas series de actualidad aquí, muy bueno es Simon. Alguien estará escribiendo guiones televisivos y brillantes novelas sobre nuestra crisis, los desahuciados, los parados, pero hay una gran tumba, un enorme agujero negro que los barre bajo la alfombre. Simon vive en Estados Unidos; nosotros vivimos en un país todavía oscuro, donde si haces lo correcto tal vez te lo hacen pagar demasiado caro. Pero les esperamos.

Se me olvidaba: el alcalde lo interpreta Oscar Isaac. Señorías, esto basta para llegar a un veredicto definitivo.

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3 Respuestas a “Show me a hero: La osadía de Simon

  1. Flipé con la actuación del señor Oscar Isaac. La serie es grandiosa, pero la actuación de este tío es una pasada. La recomiendo para cualquiera que quiera ver una miniserie de la época o no jaja

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      • Para mí su consagración fue con Inside Llewyn Davis, pero me parece que todo lo que hace lo convierte en oro. Me lo creo en cualquier papel y menos mal que no está encasillado como el típico latino… Me encanta 🙂

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