La caballería andante no ha muerto

Por David Martin Acedo

“No ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballería, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo, sin duda alguna”- Miguel de Cervantes II, 74

I

La novela de Susanna Clarke, Jonathan Strange & Mr Norell, premiada en 2005 con los Hugo, World Fantasy y Mithopoeic, y su maravillosa miniserie, adaptación a cargo de la siempre excelente BBC, se ambientaba en la Inglaterra de 1806, asediada por las guerras –vicio frecuente de los europeos-, repleta de clubs y sociedades –práctica habitual de los ingleses-. En una de esas sociedades se iniciará la fantástica historia de Clarke: un miembro de la sociedad teórica de magos preguntará una tarde por qué ya no se hace magia en Inglaterra. Por aquel entonces, la magia ya había caído en el olvido, además cargaba con el estigma de ser vulgar, detestable y a causa de todo ello, se consideraba noble estudiar la historia de la magia, pero no la magia. La pregunta de aquel ingenuo miembro, un tal Segundus, y su respuesta, a manos de un extraño misántropo, apellidado Norrell, conducirán a Inglaterra hacia una genial ucronía, repleta de duelos, romances, conjuros, misterios y maldiciones que hará gozar a cualquier inquieto lector.

Yo también, por cierta naturaleza inquieta, formo también parte de otra sociedad, la de los lectores de fantasía, terror y ciencia ficción. Me inscribí en mi adolescencia, durante los largos veranos que pasé leyendo a Stephen King, Tolkien o Asimov, perpetuando ya en mi madurez esta afición hasta, espero, mis últimos días. Ignoro si sería aceptado en la privilegiada sociedad de fandoms, esos expertos y radicales –muy a menudo- devotos de la literatura fantástica y ciencia ficción, pues suelo saltar curiosamente de género en género, aunque con cierta tendencia vuelvo a las estanterías del fandom, como el criminal a la escena del crimen. Esta inclinación, tiempo atrás secreta y ridícula, que tantas damas y caballeros sentimos, no tiene gran crédito en los círculos académicos de España, formamos un grupo tabernario, reducido frente a otros clubs, mucho más numerosos, como los de novela histórica –celebrada y aupada, niña bonita de tantas librerías- o policíaca, capaces de llenar salas de prensa y primeros puestos de venta.

II

Los locos peregrinos que estudiamos filología hispánica sabemos que la imaginación tuvo desde siempre poca escuela, escasa prensa y nulo respaldo institucional, en estas tierras.

Ya la poderosa Iglesia Católica censuraba los deleites caballerescos por apartarse de la virtud cristiana. Cervantes entregó a las fauces de la hoguera un gran número de libros de escasa verosimilitud. Por culpa de las cédulas reales, se intentó impedir el feliz tráfico de novelas hacia las Indias, aunque se lograba por medios ilegales –e ingeniosos- embarcarlas hacia las doradas y saqueadas tierras americanas, enterrando las novelas bajo biblias, pólvora y escapularios. No, los eruditos y moralistas jamás sonrieron a nuestra sociedad: vetaban nuestros discursos, cerraban los caminos de los duendes, denegaban a los monstruos su permiso de entrada en librerías y universidades. Bien distinta era la actitud del público, propicia, gustosa a la fantasía, principal autoridad entre los autores, juez benévolo y abogado defensor de fantasmas, dragones, genios y tantos otros retablos de maravillas. Bien lo sabía Lope de Vega, atento a las risas y gruñidos de la platea, autor de un valiente ensayo teatral, defensa de su obra y ataque a preceptistas, que situaba el gusto del público como eje de su praxis teatral. Eso permitiría a los lectores de hoy alegrías como La viuda valenciana, La dama boba, escandalosas y divertidísimas burlas a la moral y a la sacrosanta honra de su tiempo. Las obras más celebradas por moralistas como La perfecta casadas se nos caen hoy de las manos y la literatura más ortodoxa, católica y monárquica no tienen ya el aplauso del público.

Los antiguos miembros de nuestra sociedad, cerradas las puertas de imprentas y salones, vivieron su pasión en las calles y tabernas, en pliegos de cordel, en traducciones chapuceras, en torpes ejercicios de aficionados. En alguna ocasión, alguien jugaban con la fantasía: Bécquer, la generación del 27 y por supuesto, en otro continente, la generación del Boom.

Fantasy

Con la llegada de los 80 se abrieron de par en par las puertas al fantástico. La literatura especulativa, sensual, mágica, marginal por fin danzaba a la intemperie, respiraba aire libre, fuera del tugurio, en fanzines, revistas, editoriales, fascículos. Junto al glorificado realismo social, nuestra sociedad emergía y ¿quién ponía puertas al campo si el público aplaudía esta nueva presencia? Por fin la cultura admitía nuevos temas, más del adulterio, el honor y la guerra: brujería, saltos temporales, hadas y ogros invadían la casa de Clarín y Valera. Ampliaba la literatura sus paredes, salían al jardín seres feéricos y no sólo castas parejitas, el sótano y la buhardilla expulsaban a fantásticas criaturas, imposibles conceptos, largamente recluidos. España recuperaba, en cierto modo, su inverosímil y censurada caballería andante.

Se multiplican las moradas para el fantástico. Parecía que nuestro club tendría incluso un castillo que albergara a sus miembros y enarbolara su propio escudo. Asistimos a lo impensable, a una situación que los más jóvenes sólo pueden evocar al recorrer mercadillos de libros y librerías de segunda mano u ojear páginas web para coleccionistas. Cimoc, Zona 84, Creepy, Vampus, Nueva Fundación, Isaac Asimov Revista de Ciencia Ficción,… eran ejemplos de la buena salud y la gran acogida que tuvieron estos géneros en los inicios de la democracia.

 

III

Miramos hoy la resaca de aquel festín. Muchos relatos de ciencia ficción, clásicas novelas cortas no encuentran hoy reedición y sólo en amarillentas ediciones de los 80 podemos redescubrirlas. Han naufragado la mayoría de revistas y colecciones que editaban puntualmente los premios Hugo, Award Fantasy, Nebula… El campo de batalla, tras la contienda, resulta desolador: contamos con pocas grapas, algunos fanzines; algunas revistas del fantástico sobreviven a duras penas en el escenario digital.

Por supuesto tenemos fabulosas reediciones… a precios que noquean a los más jóvenes, futura generación de aficionados que tiene su mirada puesta en las consolas y las app. Ha quedado en pie el manga y el superhéroe norteamericano. Hace poco, un escritor español del fantástico que había sido aupado por público y crítica reconocía que los muchos costes y los pocos beneficios le llevaban a preguntarse si merecía la pena seguir escribiendo. Tal vez nos falte el hábito de la suscripción que permitiría a muchos editores pequeños mantenerse; quizá el concepto de cultura gratis, la piratería, el desprecio a la subcultura,… Ignoro las razones, pero el asunto pinta mal.

No obstante, para evitar el panegírico y el tinte melancólico de estas últimas líneas, tenemos signos de esperanza: Valdemar, Minotauro, Gigamesh están realizando una tarea mayúscula. Alfabia reedita a Lord Dunsany. Minotauro recupera a Philip K. Dick en edición bolsillo. Incluso el género más vulnerable, víctima de una mala época, la ciencia ficción, hoy casita de paja, muestra síntomas de vitalidad: Interstellar ha impulsado la ciencia ficción hard; desde Japón nos llega Psycho Pass; se oyen tambores lejanos de una Fundación dirigida por Nolan; el canal Sify intenta animar el género con nuevas series; la UPC instauró en el 91 un premio de ciencia ficción que todavía hoy prosigue.

Hay razones para sospechar que nuestro viejo club seguirá abierto y alistando nuevos miembros. Beberemos absenta y esperaremos el regreso del Rey Cuervo. Los fundadores de esta anciana sociedad de mil años nos miran desde una esquina –los magos, los caballeros andantes, los antiguos monstruos- y saben que pasarán otros mil años de oscuro y desigual reinado. La magia no ha muerto. Cojan sus copas de cuerno negro de unicornio, álcenlas, brinden y exclamen al unísono:

– ¡Larga vida al fantástico!

Scifi

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