Borgen: la fiesta de la democracia

Por David Martín Acedo

I

“Casi todos podemos soportar la adversidad; pero si queréis poner a prueba de verdad el carácter de un hombre, dadle el poder” Abraham Lincoln

La política y la ficción apenas han compartido mesa. ¿Puede un asunto político y no digamos la vida de un político atraer lectores, captar audiencias, interés, entretener y ocupar el valioso espacio de nuestro ocio? Lo cierto es que la televisión dio algunos ejemplos de vanguardia como Yo, Claudio de Robert Graves que pronto con una aclamada serie de la BBC. La vida de un emperador tartamudo representó una brillante excepción hasta la técnica del talk & walk de Aaron Sorkin en una serie que se atrevió con un nuevo emperador, esta vez un presidente estadounidense idealista, demócrata, firme y carismático: sus guiones, los ágiles diálogos, la mezcla de drama y optimismo,… convirtieron la serie del Ala oeste de la Casablanca en una master class de cómo escribir guiones y entender la política.

Desde entonces, tal vez a causa de la crisis o del debilitamiento de las democracias, las series sobre política han dejado fuera del tablero el optimismo de Sorkin y han preferido hurgar en la corrupción, en las posturas maquiavélicas, en las formas pervertidas de la democracia. Ya sea la original inglesa o su versión americana, House of Cards dibujaba las astutas, pérfidas y amorales maniobras de un congresista para llegar a la Casa Blanca; con precisión camaleónica, un adorable Frasier Crane –Kelsey Grammer- se convertía en un alcalde criminal y furioso de Chicago, diagnosticado con DLB, sediento de ambición en la muy injustamente cancelada Boss. En el camino, brillantes miniseries como Show me a hero o John Adams han demostrado la buena salud de la política ficción. Incluso tenemos en la repisa, al lado de este generoso estanque de dramas políticos, la singular comedia Veep.

Este inusitado interés hacia la ficción parlamentaria ha permitido que una serie danesa de tres temporadas, compuesta cada una por diez capítulos, haya llegado en buena hora hasta nosotros. Borgen cuenta la llegada de Birgitte Nyborg, candidata del partido moderado, a Borgen –el palacio de Christianborg-, sede del estado y oficina del primer ministro. Con una cita que encabeza cada capítulo, la serie pone el acento en la intimidad, la incidencia de la política en la vida privada de la protagonista, resaltando la inevitable evolución –política y personal- y las contradicciones entre sus aspiraciones y la realpolitik.

II

“La política es guerra sin efusión de sangre. La guerra es política con efusión de sangre” Mao Tse-Tung.

No es una serie que pretenda la revolución, no hallaremos conatos de anarquismo o comunismo, jamás se cuestionará la Ley, la Propiedad, no se atreverá a mostrarnos cómo las instituciones existen como privilegio de clase. Su ideología es de centro y socialdemócrata. Pero eso no implica que como los antiguos intelectuales, esta serie se proponga mostrar al rey desnudo, la verdad que separa la conciencia del discurso.

No sé en Dinamarca, pero en España esto es muy importante. Para una sociedad casi predemocrática como la nuestra, incapaz de investigar los crímenes del franquismo o condenarlo, con cotas intolerables de corrupción que el electorado no penalizado, con una concepción apasionada y partidista de la política, vemos en esta serie una democracia más madura y nos hace mejores analistas, más hábiles, más modernos y más exigentes con la transparencia, con la corrupción, con el complejo funcionamiento de las instituciones…

 

Con esta serie recordamos qué peligros y amenazas conlleva el poder, algo que Shakespeare desde la cima nos señaló en tantas obras suyas (Ricardo III, Enrique IV con su inolvidable Falstaff): el poder nunca se posee, sólo se ejerce o como en otra obra shakespeariana, Canción de Hielo y Fuego, ya decía Varis: el poder es una sombra, tan terrible como una inaprensible, imposible de domar o controlar.

Así Nyborg logrará el cetro de mando al ser nombrada primera ministra de un complejo gobierno de coalición, donde sufrirá chantajes, bloqueos, deserciones y un deterioro gradual de su vida matrimonial. Pero la serie pivotará -gran acierto- también alrededor de una periodista, Katrine Fosmark, otro peso pesado femenino, ambiciosa y con principios, que adquirirá fuerza especialmente en la segunda y tercera temporada; y Kasper Juul, jefe de prensa de Nyborg, tan astuto como amoral, víctima de un trágico pasado, que pierde protagonismo en el curso de la serie

La serie plantea dilemas y conflictos de diversa índole: la legalidad de la prostitución, las cuotas de mujeres en los consejos empresariales, la supervivencia política a costa de los principios, la injerencia de la empresas privadas en el redactado de leyes, la intervención en Afganistán, el trato a los refugiados, pero entre tantos temas, tiene una importancia capital la relación discordante de la política y los medios de comunicación.

III

“Atreverse es perder el equilibrio momentáneamente. No atreverse es perderse a uno mismo” Soren Kierkegaard.

Porque sólo hay dos personajes detestables: el candidato del “partido de la libertad”, un personaje xenófobo y de ultraderecha, una especie de Donald Trump, pero sin su escalofriante fuerza, y el nauseabundo jefe del Ekspress, periódico sensacionalista, que sin ningún escrúpulo removerá las basuras y tendrá una decisiva influencia en ciertos instantes de la trama. Esa subtrama, relacionada con los medios de comunicación, adquiere un mayor relieve en la tercera temporada, la más próxima a nuestro tiempo presente -no digamos ya en nuestro país-, cuando Torben Friis –jefe de noticias en la televisión pública- es sometido a la presión de un joven, moderno y despiadado directivo: audiencias, principios neoliberales, innovación, telerrealidad, espectáculo… La réplica de Torben a esta nueva concepción de la televisión es de las que hacen historia.

Disfrútenla. De un modo ameno, inteligente, Borgen se convierte en nuestro segundo hogar y ante estos tiempos inciertos, ante la política ficción y de bloques, recomiéndenla a sus políticos de turno, quienes todavía parecen incapaces de gobernar; Borgen desde un primer plano íntimo, doméstico nos desmonta este delicado juguete llamado democracia y nos muestra sus piezas de fabricación: diálogo, capacidad de sacrificio, servicio público, ingeniería moral, capacidad de pacto… Y además, por fin una mujer toma el relevo de Josiah Bartlet y nos invita a que participemos en las urnas. Intenten darle una oportunidad: no se extrañen si luego buscan la papeleta de la candidata Nyborg en su mesa electoral.

Borgen

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