Malestar en la educación pública: El Libro Blanco

El lobo nunca dormirá en la misma cama con el cordero. Pero de algo estoy seguro: si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad. Nadie les podrá robar ese tesoro.” La lengua de las mariposas

Pues bien, cumplió José Antonio Marina la tentativa de Platón de que el filósofo ya no sólo discurriera sobre política, al fin accedería al Parlamento: el 7 de diciembre el Ministerio de Educación recibía el borrador de su Libro blanco del docente, blanquísimo, inmaculado, y para maquillar de democrático las sombras del proyecto, una vez entregada la obra, proporcionó un buzón de sugerencias. Ante esta aplaudida decisión, como profesor escéptico me planteé: ¿no se plantea en otro orden la cooperación: contar primero con la comunidad educativa y luego, una vez recogidas las críticas y aprobaciones, publicar los resultados del conjunto? Ya el juego empezaba amañado.

Esta nueva propuesta pedagógica se ha vertido para intentar reformar la educación. Y con suspicacia, ya justificada tras tantos fiascos, empezamos a revisar estos nuevos planteamientos, un horizonte más nuevo, más moderno, más adaptado a los cambios sociales. Queremos una escuela 2.0 y Marina la quiere cuanto antes.

El libro de Marina menciona, al menos veinte veces, a la consultora estadounidense McKinsey & Co. Entre sus aliados, tiene a Luis Garicano, responsable del programa educativo de Ciudadanos. Tanto Marina como Garicano coincidieronn en señalar a dos fuerzas inmovilistas, principales adversarios de su fabulosa propuesta: “los sindicatos de profesores” y los “estudiantes”, es decir, la base del propio sistema que quieren mejorar.

Marina no se cansa de poner como ejemplo modélico para impulsar su libro a Cataluña. ¿Por qué? Porque al parecer el mayor problema de la educación es su carácter democrático y en Cataluña, pionera en el austericidio, las direcciones empiezan a adquirir un mayor peso en la selección del personal: lógica empresarial, nepotismo y endogamia garantizados. No es extraño que en estos últimos años apenas se han convocado en Cataluña oposiciones para el cuerpo docente, sustituyendo las jubilaciones por interinos, y Artur Mas, paladín de la Troika y los recortes, en alguna ocasión ha apuntado hacia una república catalana sin funcionarios docentes.

Ya han surgido pruebas pilotos en Maresme y Vallés Oriental para que los sustitutos sean escogidos a través de entrevistas personales en… centros educativos públicos. Si antes, tras un criterio transparente de selección, se accedía a una lista en la que la experiencia y la antigüedad promovían a sus integrantes, estas pruebas anteponen una selección personal, propia de la iniciativa privada.

Las últimas leyes catalanas persiguen que el 50% de la plantilla sea escogido por la dirección. Cada director construirá un proyecto y un perfil de profesores que se ajuste a estos intereses: despídanse de la igualdad entre centros; ya se habla discretamente en los claustros de rangos de centro. Abramos la puerta a centros de excelencia y a guettos. En lugar de favorecer el equilibrio, los directores compiten por atraer mejores clientes, perdón, mejores alumnos.

Como hay malos trabajadores, el director se encargará directamente de escoger el personal. En lugar de utilizar y mejorar las herramientas –existentes y mejorables- para fiscalizar, supervisar la tarea docente, borramos la figura del inspector y dejamos al director [i]que seleccione su personal. Sustituimos la microcirugía por la amputación directa. Nos plegamos a los intereses (particulares) del seleccionador y ya matamos de una vez el claustro –que discute, dialoga y se enfanga en algo tan engorroso y lento que es “ponerse de acuerdo”, “debatir”… semillas de la democracia-, reducimos la diversidad de criterios, suprimimos la libertad de cátedra: si depende tu estabilidad laboral del director, pues tenemos empleados dóciles y una nueva empresa privada. Y el siguiente paso es ya inevitable: eliminar el cuerpo de funcionarios [ii]

¿Este es el modelo que celebra Marina? ¿Y Marina acusa de corporativistas a quienes cuestionan este modelo? ¿Es corporativista defender nuestros derechos como señala Marina al comprobar la reacción contraria del profesorado ante su Libro Blanco? No, se equivoca con los límites semánticos del término: corporativista es que se produzcan abusos sexuales en un centro y el centro educativo y la Administración oculten los hechos para evitar dañar su imagen, permitiendo que el depredador pueda volver a actuar en otra escuela. Defender derechos y avances laborales no debe confundirse con el corporativismo: a raíz de esta manipulación, todavía estaríamos en las doce horas diarias y construyendo pirámides, a golpe de látigo, para el faraón.

white book 2[1]

II

“Apuntad bien amigos. ¡Soy inocente! ¡Viva la escuela moderna!” Francisco Ferrer i Guardia

Marina propone una especie de MIR porque sabe que el problema no es el estado de nuestras escuelas, sino la mediocridad intelectual y la falta de exigencia en la selección. Hasta ahora, el muy deficiente CAP había sido sustituido por un curso que cuadriplicaba su precio, una vía rápida para embolsar un preciado dinero, externo a la carrera universitaria, y que tenía a muchos de sus alumnos como profesores “abaratados” en la docencia. Un negocio redondo. Ya tenemos a un becario en lugar de un profesor interno. Si desean prestigiar y mejorar la calidad docente, tal vez encarecer el camino de acceso sea una propuesta errónea, además de un hábil subterfugio que acabará sustituyendo la oposición, demasiado transparente y barata. ¿Por qué no una formación accesible y gratuita, un reconocimiento social, un equipo más amplio de profesores que refuercen y ayuden en el trabajo diario…?

Marina aplaude el incentivo económico, pero ¿cómo se miden a los buenos y malos profesores? Si partimos de las notas, todos subimos las notas, aprobamos y se acaba el fracaso escolar, aunque si un puente luego cae, no reclamen nada al brillante estudiante. Ya hace tiempo que para reducir el fracaso escolar, se presiona a las direcciones para aumentar los aprobados y se realizan cada vez más pruebas que sonrojarían a los estudiantes de EGB. Si depende la diferencia entre buenos y malos maestros del numero de másters y postgrados, expulsamos a los profesores de extracción más humilde fuera de la fórmula. Si depende de la aprobación u opinión de los infantes y adolescentes, otorgamos una responsabilidad y un poder insólitos, restando autoridad al adulto; esto ya se empieza a experimentar con la presencia cada vez más creciente de alumnos en reuniones docentes, ejercicio lleno de buena voluntad que puede terminar estallándonos en la cara. No puedo saber quién es un buen maestro, pero crear distinciones económicas en base a criterios arbitrarios o subjetivos como los hasta ahora expuestos –y los que puedan imaginar- anticipan un entorno tóxico y clasista.

Intentemos ser más claros: no se ha identificado aún una característica medible específica del profesorado que mejore el rendimiento académico del alumnado. Punto. Asimismo el incentivo económico resulta un claro insulto, en especial si penaliza, a los que trabajamos en la docencia -¿creen realmente que es el dinero lo que nos impulsa a acudir día a día a las clases?- y una medida que alienta la desigualdad entre trabajadores. Marina señala que la reacción negativa a esta propuesta se debe a nuestro clásico “corporativismo”, yo lo calificaría de solidaridad entre trabajadores, unión y conciencia de los logros alcanzados, debilitados hoy por los recortes y el modelo neoliberal, contrario a la función pública. Corporativismo es tapar casos de abusos a menores.

Pone como referentes, él y tantos pedagogos, a Finlandia, a Corea como modelos a seguir. Pero veamos el tan aclamado modelo de Finlandia: no se trata del sueldo –que casi triplica al nuestro-, ni de la elevada formación las principales diferencias que las sitúan por encima de España; echen un ojo al número de alumnos por aula (con profesores de refuerzo y mayor reducción en caso de tener alumnos con dificultades), el 95% de los centros son públicos, gratuidad incluso en la privada (¿alguien recuerda que recortaron en becas comedor?), la diversidad de itinerarios se adelanta y es una sociedad culturalmente más homogénea, que sólo ha aceptado apenas un 3% de población inmigrante tras sus idílicas puertas, los cambios de gobierno no afectan al funcionamiento ordinario de las escuelas, el docente goza de una gran consideración social,… Pero lo que siempre se pone sobre la palestra es que la inversión es equiparable a la nuestra y que los directores seleccionan a su personal. ¿Por qué inciden en unos aspectos y omiten otros?

En lugar de compararnos con modelos lejanos, culturalmente distantes, ¿por qué no interrogan a los docentes sobre las carencias de aquí? ¿por qué acudir a teóricos pedagogos y no atender a maestros de escuela, que conocen diariamente el estado de las escuelas? ¿por qué impulsar modelos neoliberales, que alimentan la brecha social, en lugar de regresar a nuestros mejores ideales, a los de la República, a los del Instituto Libre de Enseñanza, a los logros de los 80, a los precursores ateneos libertarios, a Giner de los Ríos, Ferrer i Guardia, a Montessori, al viejo maestro, tan defenestrado, de La lengua de las mariposas? Estas preguntas quedan suspensas. En blanco. Porque cuando un libro blanco quiere dar ya respuestas sin haber planteado las preguntas, alzar voces sin oír testimonios, establecer un modelo sin cuestionarse la base, ¿qué lectores buscan?

 

 

 

 

[i] No acuso a las direcciones ni cuestiono sus bondades, he conocido a verdaderos profesionales, preocupados, buenos compañeros; juzgo nefasto los mecanismos que dotan de poder a las direcciones y que en su faceta más negativa, pone en peligro al claustro y al sistema público, propicia el clientelismo y la endogamia, tan extendidas en otros sectores laborales.

[ii] Ciudadanos ya propuso eliminar este cuerpo. Renunciar a derechos y conquistas como estas para favorecer un mercado libre, sustituyendo socialdemocracia por un neoliberalismo que acrecienta las desigualdades y la inseguridad laboral. Supongo que queda mejor decir que como a los funcionarios no se les puede echar (falso), derribamos todo el sistema y con ello, el porcentaje –exiguo- de acomodados disminuye.

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