Ash vs Evil Dead:motosierras, faja, deadites y… ¡groovy!

Por David Martin Acedo

“Bueno… Malo… Yo soy el tipo con el arma”- Ash

¡Albricias! Que suenen las fanfarrias, engalanen las calles, traigan barriles de alcohol y un gran lechón. Estamos de celebración. ¿El motivo? Tras un largo descanso en banquillo ha vuelto Ash a nuestras pantallas, el héroe más patán del cine, creado por Sam Raimi en un ya lejano 1981 con The Evil Dead.

Es época de júbilo, damas y caballeros, porque con esta serie de diez capítulos, tan breves como refrescantes, pura cafeína, regresa el espíritu de la adolescencia, el alma gamberra e ingenua de los ochenta, que trajo consigo una legión de gremlins y critters, las aventuras de los goonies, los monstruos de Demons, la aparición de un hombre lobo americano por Londres, unos torpes cazafantasmas… Este cine canalla, en el que incluimos Evil Dead, no tenía remilgos con el gore, el sexo ni el humor, enemigos absolutos de este nuevo cine adolescente de hoy día, tan aséptico y encorsetado. Este cine ochentero fue desde sus inicios un amigo leal del cine grindhouse, de la serie B, de los drive-in en los que pellizcarse y taparse los ojos.

No nos extrañó que muy pronto The Evil Dead se elevara a los cielos del cine de culto: con un presupuesto ridículo, elaborada entre amigos y voluntariosos principiantes, pusieron todo el talento y la imaginación para explicarnos un argumento tan manido como familiar. Ya saben, una historia casi tan vieja como el mar: grupo de parejas adolescentes acuden a una cabaña alquilada, leen un libro sumerio sobre prácticas de entierro y conjuros funerarios –todo muy normal en una cabaña de Tennessee-, abren las puertas del infierno, ¡ay!, y espíritus demoníacos, árboles violadores, hachas, motosierras y litros de sirope que lograron asustar hasta al mismísimo y sacrosanto Stephen King.

Una minoría empezó a reivindicarla, viendo en ella la provocación y el guiño a mucho cine anterior –vean los saludos metarreferenciales a Las colinas tienen ojos y La matanza de Texas-; a espaldas del mainstream y la crítica institucional fue creciendo, transgresora y violenta, siguiendo la senda del cine de culto de tantas otras películas como Pink Flamingos, Shivers, Freaks, Rocky Horror… Tras esta primera oleada de sangre y gritos, vinieron The Evil Dead y Army of Darkness. Si la segunda quedaba a medio camino entre el remake y el reboot, incluyendo un divertidísimo Doppelgänger y la presencia de una novia –Linda- decapitada y bailarina; la tercera fue un salto temporal a la época medieval, sin rastros ya de terror, con una fuerte impronta cartoon en buena parte de su metraje. Aprendimos que no se puede engañar a las Tinieblas con un carraspeo y que la frase “Klaatu Barada Nikto” era algo más que una palabra de seguridad en una antigua película de ciencia ficción.

Ash vs Evil Dead

Desde 1992 Ash no volvió a dar señales de vida. Ni él, ni su motosierra ortopédica. Pero… ¡Albricias! Amazon volvió a dar el pistoletazo de salida con Ash vs Evil Dead. Como dirá Ash en un capítulo: “Honey, estoy en casa”. Traigan bebidas, palomitas, algo que fumar –si lo creen oportuno-, un casette lleno de viejos hits. Nuestro patán vuelve a equivocarse, esta vez por culpa de un ligue y un porro de maría que hacen mala mezcla, trayendo a los Deadites de vuelta a su vida ordinaria. Sin duda, él es la estrella de la función, eso sí, decadente, con faja y dentadura postiza, alojado en una caravana, empleado de un almacén, un tipo racista –sutil-, más bien machista, mano de madera incluida… El perfecto antihéroe, hasta ahora lobo solitario, secundado por Pablo, su compañero de trabajo, y Kelly, deberá enfrentarse de nuevo al infierno.

¿Cómo resumir la serie? Un Red Bull de gore y humor bruto. Aunque los secundarios tarden en despegar, la serie ofrece lo que promete y es mucho: serie B sin complejos. ¿Se puede acabar con un zombie gracias a una cortadora de embutidos? Sin duda. ¿Empalar con unas astas de ciervo? El productor no recorta escenas, amigo. ¿Alguna escena picante? Amigos, esto no es cine familiar, joder. Ash juega en una liga distinta y una frase resume su estilo:

“Sí, bueno, odio esa película [El Padrino]. Demasiado larga y aburrida, y no tiene suficientes tetas. Soy más de El Justiciero de la Ciudad”.

En efecto, absténganse hípster y su cuadrilla culterana. Aquí venimos a pasar un buen rato.

Y como no puede ser de otro modo, los guiños a la trilogía están muy presentes. Hay escenas tensas, de terror en estado puro, que recuerdan a The Evil Dead, como el enfrentamiento de la policía Amanda con el primer Deadite, en un episodio dirigido por Sam Raimi; pero también el estilo cartoon de Army of Darkness como la lucha de Ash con la muñeca Lori. Con destreza sintética, vemos en unos cajones un flashback de lo sucedido hasta entonces y el reencuentro con la cabaña hará babear a los amantes de la trilogía, sin añadir reapariciones que estropearían la sorpresa de este sangriento pastel. Sin escatimar en nada, se permite ampliar la mitología de Evil Dead con Eligos, Dark Ones,..

Si todo esto no sirve de nada, una palabra puede resumirla: groovy. Les diré que al verla me sentí de nuevo adolescente, a punto de abrir un regalo de cumpleaños muy esperado. Y así hasta la escena final del décimo capítulo. ¿Qué más se puede pedir?

La única pega que encontré con esta montaña rusa fue descubrir que en España nadie ha comprado los derechos de emisión. ¡Por la daga de Kandarian! Esto bien merece un buen corte de mangas de nuestro amigo Ash.

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