Malestar en la educación pública (III): Crisis, austericidio y otras plagas

Por David Martin Acedo

“Todas las personas tienen derecho a una educación de calidad y a acceder a la misma en condiciones de igualdad. La Generalitat debe establecer un modelo educativo de interés público que garantice estos derechos”. Estatuto de autonomía de Cataluña

Y de aquellos lodos -o lobos- llegamos a esta hecatombe actual –no bíblica, sino financiera y especulativa- llamada Crisis, que se cebó muy especialmente en el sector público. Todos recordamos cómo se apostó ante el desempleo desbocado y la caída de las bolsas por una sola receta: limitar el techo de la deuda pública, recortar en los pilares del estado del bienestar y algo tan injusto como fue socializar las pérdidas de cajas de ahorro para privatizar, tiempo después, una vez recuperadas las arcas de Midas, los beneficios públicos. Con esta decisión política, la educación pública pasó recibir la última estocada: cuando la paciente, llamada escuela, ya se mostraba débil y desnutrida, vinieron estas nuevas operaciones  a debilitarla aún más, poniendo sanguijuelas sobre el cuerpo. Nada de cirugía, amputación directa.

Antes de la crisis y de su desastrosa gestión, ya había emergido como lava desatada la violencia escolar, las altas tasas de abandono y el fenómeno nini tomaba cuerpo y espacio en la sociedad. Asimismo, una educación pública tiempo atrás exigente y de calidad empezaba a sufrir un fuerte retroceso –golpeando los hombros de toda la clase trabajadora- frente a la concertada y privada. Los movimientos migratorios, tan fértiles como complejos, se habían concentrado en los últimos años en nuestras aulas públicas. Con esta panorama borrascoso,  vino el nuevo tsunami de la crisis a barrer las últimas partículas de luz: aumentó el número de alumnos por aula y las horas lectivas del profesorado, se redujeron los servicios sociales –ya por entonces, desbordados-, se suprimieron las oposiciones, la plantilla docente se alimentó de interinajes –profesores en precario, sin estabilidad-, las bajas sólo se repondrían a las dos semanas –es decir, los alumnos perderían dos semanas de la materia afectada-… Y la escuela absorbía una situación de emergencia social, impensable en el primer mundo, una sombra de tiempos lejanos: la pobreza infantil asomaba su vientre fláccido por los comedores escolares.

Mi experiencia laboral hasta este momento había sido múltiple y caótica: empecé trabajando en agencias de ocupación temporal y un día abrí las puertas de una gran ETT: la Generalitat de Catalunya a la que acudía puntualmente a la espera de recibir trabajo. Conmigo se ahorraron vacaciones, pagas extras, Muface y una estabilidad de la que aún, ocho años después, no conozco ni la inicial. Ni que decir tiene que me siento un privilegiado, crítico, en un país desempleado, precario e hipotecado hasta la médula. A todas las huelgas que acudí durante estos cursos, azotados por los recortes, no reclamaba las pagas extras, mayor estabilidad ni mejor salario: nuestro sector sigue siendo privilegiado, protestar por nuestro horario y sueldo representa un insulto a los muchos trabajadores que sufren horarios maratonianos, escasos derechos laborales, despidos improcedentes, sueldos exiguos,…

15M%20recortar%20educación[1]

Foto del grupo Pancartas 15M en un recomendable blog de educación que citamos más abajo (1)

En cada huelga anunciábamos los numerosos desastres, alertábamos de los constantes hachazos a la educación pública, garante de la igualdad de oportunidades. Y en cualquier caso, cuando alguien quiera juzgar con acritud nuestras condiciones y con mayor envidia nuestros derechos, debiera reconsiderar si estas conquistas –permisos, sueldos y horarios- han de verse mutilados para equipararse al mundo privado o bien, esperar y luchar porque el sector público sea ariete y conciencia de lo que queda por avanzar en el sector privado.

Muchos han querido ver en la crisis un componente estrictamente económico, coyuntural, pero sus efectos han sido sociales, políticos y culturales, que afectarán a todo nuestro paradigma. La envergadura de esta onda expansiva de miseria sobrevivirá a este episodio, a esta fase o ciclo capitalista, tal vez ocupe diez o veinte años enderezar estos errores, siempre y cuando se intervenga ya en el largo austericidio de Europa. Desde la educación, como testigos y víctimas, la crisis ha dejado una profunda hemorragia que todavía no sabemos cómo detener. Es hora de que la sociedad, y no sólo nuestras pizarras, sean conscientes de lo que se cuece en las aulas.

1) Leáse un recomendable blog sobre educación

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s