La columna bífida de Poniente

(Una reflexión en torno a la extraña relación entre una saga inacabada y su adaptación televisiva)

“Usted está cambiando de camino por vereda”- Buena Vista Social Club

La saga de Canción de Hielo y Fuego nació en 1996. Esta bella criatura de Martin empezó pronto a crear un grupo de adeptos que la recomendaban con furor, surgieron juegos de rol, incluso convenciones. Pero en un mundo como el nuestro, este fenómeno seguía siendo literario y por tanto, minoritario. El 17 de abril en Estados Unidos se estrenó su adaptación a la televisión de la mano de HBO. Su piloto costó 10 millones. El público enloqueció con el penúltimo capítulo de la temporada y a partir de este punto, la historia de esta serie se escribe con mayúsculas, hipérboles y grandes signos de exclamación: se dispara el presupuesto, se expanden los sets de producción hasta llegar a múltiples rincones del mundo, llegan los premios, la serie se confirma como la más pirateada de la historia. Y mientras tanto, durante la producción televisiva, sigue la historia de la saga literaria… a su ritmo.

A día de hoy, cuesta entender por qué Martin dio luz verde a una serie basada en una saga inacabada. Los que conocemos su estilo, su labor de creación, lo tenemos por un jardinero: a cada paso, siembra pequeñas semillas, inserta en las tramas esquejes y poco a poco, vemos cómo el universo –ya de por sí inmenso- se abre por otros caminos. Martin afirmaba sobre su trabajo: “crece al contarla”. En otras palabras, Martin edifica una saga vegetal, viva, tan orgánica como el mármol de Gaudí, en constante expansión. La hiedra de su escritura se encuentra con su plan maestro –concluir la saga con dos novelas más-, los brotes nacidos en Dorne o en las Islas del Hierro ensanchan el corsé de su concepción inicial y la rompen. Su estilo de suave crecimiento estaba abocado a cruzarse, en algún momento, con el ritmo de locomotora de la serie.

A medida que la serie crecía y la saga no mostraba atisbos de cierre, emergían poco a poco las protestas. Nacen los GGRmBlers, los gruños. Aparecen páginas webs con títulos tan reveladores como “¿Se acerca el invierno?” “Termina el libro, George”. Él afirmaba que no quería estafar como en Lost y decidió tomarse su tiempo. La presión y las ofensas llegaron a tal punto que el mismísimo Neil Gaiman salió en su defensa ante uno de esos lectores indignados: “G. R. R. Martin no es tu putita particular”.

La serie ha seguido su propio curso y nos ha dejado unos signos de identidad, marca de HBO, pero también de G. R. Martin. Ha integrado en la fantasía heroica, llena de dragones y magias, la crudeza del mundo adulto: el sexo, los desastres de la guerra, las conspiraciones y las traiciones que destrozan cualquier ingenuo atisbo de felicidad… Cada noveno capítulo ha dejado a los espectadores quebrados como el joven Bran, incluso se hicieron virales las reacciones de espectadores –en familia, espiados por “taimados” lectores- convirtiendo esos instantes –todos los recordamos- en catarsis colectivas. La labor de cásting ha convertido a ciertos personajes en ídolos y modelos –un tanto oscuros-: Arya para que se desboque el feminismo, Tyrion para demostrar la fuerza de la inteligencia, Jaime y su camino de perfección, la nobleza de Jon…

¿Cuánto influía la serie en sus planteamientos? ¿En qué alteró su creación este mercado televisivo? Sabemos cómo Doyle llegó a detestar a su detective o las presiones editoriales para que Hugo o Dickens entregaran puntualmente sus folletines. En otra escala, en otro tiempo, Martin se ha visto sometido al escrutinio tiránico de una legión de lectores, de una editorial, de unos espectadores, de una cadena de televisión, de un mundo expectante.

Durante esta difícil relación, lectores y espectadores hemos caminado de la mano. Compartíamos mesa, se daba una rara interacción, casi biológica, idílica, entre literatura y televisión. Idílica por un breve tiempo. Hasta que empezaron a producirse cambios en la serie. Al principio, muy sutiles, casi obligados por el lenguaje cinematográfico, licencias, nuevos caminos. Así había sucedido con el cómic de Robert Kirkman, convertido en la exitosa serie The Walking Dead, pero esta aventura de putrefactos y supervivientes ha tenido una vida próspera, sin desdeñar la trama del cómic, sin traicionarla, pero incorporando novedades y cambios. La última temporada de Juego de Tronos no sólo creó nuevas tramas –las peripecias de Jaime en Dorne-, sino que tomó osadas decisiones como unificar el cuarto y quinto libro en una sola temporada, acelerando el encuentro de los libros con la serie, y algo más importante: desvelarnos el porvenir de ciertos personajes, aún no esbozados en los libros.

king-joffrey-with-a-sword[1]

Si se tratara de desviarse de Martin y crear un material original, nadie se llevaría a asombro o espanto. Por fuerza, los guionistas debían despejar las incógnitas y avanzar la trama. Algunos barajaban la posibilidad de que se recurriera a explorar el pasado de Poniente: la Rebelión de Robert, la Maldición de Valyria, la historia de los Ándalos y los Primeros Hombres… para conceder un tiempo al escritor. Pero la sorpresa fue descubrir que Martin ya les había revelado el final y la serie estaba dispuesta a avanzar, respetando la trama ideada por Martin, anticipando hechos, descubriendo lo que el creador no había dado todavía a sus lectores.

La literatura ha estado siempre llena de miserias y oscuridad: plagios, usurpaciones de identidad, negros literarios, traiciones editoriales, presiones comerciales… Pero es la primera ocasión en que el robo y la traición tienen como principal responsable al creador. HBO se ha convertido en el negro literario de Martin y aunque algunos quieran ver a HBO como la Usurpadora y a Martin, Rey Mendigo, lo cierto es que esta situación tiene como verdugo a Martin y cómplice, a HBO.

Por vez primera, el lector se hundirá en un dilema crucial ante la próxima temporada: ¿ser lectores o ser espectadores? ¿Abandonar la serie hasta la llegada de Vientos de inviernos? ¿Acercarnos al fuego de HBO y quemarnos con las revelaciones o abrazar el hielo  de la espera, llena de silencios e incierta fecha? Como escribió Quevedo: “es hielo abrasador, es fuego helado”.

Cuando Avellaneda publicó una segunda parte del Quijote para gozar de éxito y desprestigiar a Cervantes, el manco optó por acelerar la escritura de las andanzas del melancólico hidalgo y entregarnos, poco antes de su muerte, su testamento universal. No es improbable que la saga de Martin quede inconclusa y sólo en pie su versión televisiva. HBO dio la gloria a Martin: nadie negará cuánto beneficios le deparó la serie. Irónicamente, HBO tal vez administre la extremaunción y el punto final a Canción de Hielo y fuego.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s