The leftovers (2T): El milagro de 2015

Opening Leftovers   Cuando terminó la primera temporada de The Leftovers, estas eran algunas preguntas que rondaban mi cabeza: ¿por qué eran tan pocos los que hablan de esta serie? ¿Por qué la crítica no respaldaba ni los premios se acumulaban sobre esta maravilla televisiva? ¿Por qué la audiencia, esa diosa caprichosa y cruel, no había bendecido su corta vida? Entre los muchos misterios que rodeaban y nadie lograba descifrar, este ha terminado por ser el más extraño de todos y finalmente, el que ha allanado una decisión: cerrarla con una tercera y última temporada. Lo que podría ser un motivo de tristeza, se convierte en un alivio: nada perjudicaría más esta obra maestra que prolongarla en el tiempo y sino que pregunten a Dexter, Bones o Prison Break las repercusiones de un estiramiento extenuante de tramas. Tendremos una tercera temporada.

Pero no anticipemos hecho. Llegó una segunda temporada y se produjo un cambio inesperado. Todos los titulares podrían resumirse en uno solo: es por fin la serie del año que todos recomiendan. El tiempo ha hecho justicia con ella; como sucedió con Carnivale, Boss, Boardwalk Empire o Deadwood, The Leftovers va camino de convertirse en una serie de culto.

Lindelof saltaba sin cuerda con esta nueva temporada: la red que suponía la novela inspiradora de Perotta había desaparecido, estaba ahora forzado a crear un material original y el final de la temporada anterior había resultado ser tan demoledor como definitivo. Al recomendarla, además, todos advertíamos que su carga dramática, su pesimismo, su intenso lirismo podía ahuyentar a muchos espectadores.

Lindelof se sobrepuso a los escollos que anunciaba la nueva temporada y pulsó nuevas teclas: introducía un nuevo escenario –Jarden-, una familia aprisionada por el escepticismo- los Murphy- y un mayor dinamismo[i]. Si en la primera temporada la quietud producía una escalonada ansiedad, una percepción de cataclismo se respiraba en cada mirada y en cada silencio, exigiendo una catarsis; en Jarden la trama se alimenta de acciones, reacciones, diálogos: dinamismo y un cierto horizonte de esperanza.

La música vuelve a cobrar protagonismo [ii]y se disparan los paralelismos, los puentes entre los esquemas de la primera y segunda temporada, confiriendo al conjunto una coherencia y unos equilibrios narrativos. Vuelven a aparecer los símbolos, pero de modo más sutil: ya no son los colores y los animales las claves, tampoco las insinuaciones religiosas, ahora se integran además las mitologías de la primera temporada: su lenguaje no remite a cuestiones externas, las claves de The Leftovers se encuentran exclusivamente dentro de ellas.

The_Leftovers,_season_2,_official_art[1]

Buen ejemplo de esta estética, ya madura, la encontramos en uno de los mejores y más desconcertantes capítulos de la temporada: Asesino internacional. Pocos episodios merecerán más visionados como este, protagonizado por Justin Therroux, atrapado en un sueño, en un puzle lleno de capas y simetrías con el universo de Leftovers; como si Lynch hubiera ideado esta alucinada maravilla, nos adentramos en la psique del antiguo policía. Ni el espectador ni el protagonista conocemos las pistas, las instrucciones de este juego. Kevin Garvey Intenta liberarse de la locura, quiere salvar su vida –y de paso, su individualidad; ya la familia la salvó en la primera temporada- y para ello, debe resolver el oráculo de Delfos: conocerse a sí mismo. Voluntad de vivir o voluntad de perderse, ser o no ser. El episodio presenta demasiados desafíos, podía caer en el despropósito, en el absurdo y termina siendo uno de esos episodios que quedan entre los imprescindibles, junto al Ozymandias de Breaking Bad. Brillante. Y emocional[i].

La serie, más allá de este episodio valiente, no le hace ascos ni evita otros barrizales: se mete en ellos de cabeza y sale indemne. Cuestiones tan espinosas como la fe, el suicidio, la locura entran de lleno en esta nueva temporada. El prodigio se da en resolver estos dilemas filosóficos con un lenguaje esencialmente visual: la serie no nos inunda con explicaciones y disertaciones sobre la condición humana, no nos aturden con explicaciones, muestra y no dice.

Pero no nos engañemos, The Leftovers tiene un componente espiritual y a diferencia de las religiones que aspiran a la verdad y a la institución, a la instauración de un dogma sin fisuras, la fe en la serie es turbulenta, humanista, opuesta y reacia al credo. Por esa razón, es una constante la presencia amenazadora de las sectas y otras formas de intolerancia.

El núcleo central de esta temporada ya no está exclusivamente en la familia Garvey, aparecen y tienen un peso importante en las tramas, pero toda la temporada busca y explora el conflicto de otra familia, espejo de la primera. Mientras que los Garvey intentaban asimilar el rapto –es decir, la muerte, la ausencia, la falta de lógica de la existencia-, los Murphy esquivan física y mentalmente el misterio, la fe; a diferencia de Mateo, no interrogan, no se preguntan, viven y rechaza todo atisbo espiritual. Ambas familias se complementa: “No sé si nosotros somos parte de vuestra historia o vosotros parte de la nuestra” dice en un momento el antiguo jefe de policía, interpretado por un magistral Therroux.

Tal vez esta no sea la mejor reseña sobre The leftovers, no habrá encontrado seguramente las claves interpretativas ni tampoco dispondrá de un aparato crítico suficientemente desarrollado, apenas se acerca a esbozo de ensayo. El propósito era otro bien distinto: llevar hasta la extenuación nuestro elogio. Porque tras una temporada brillante, todo hacía pensar que el error, el desliz era inevitable. Nos equivocamos. Se ha producido el milagro. Y como dice la canción de los títulos iniciales, invitamos a “let the mystery be”.

 

[i] Un ejemplo estremecedor de cómo Justin Theroux alcanza una extraña conexión emocional con el espectador la encontramos en una sesión de karaoke –inolvidable- de esta temporada. La recordarán cuando la vean.

[i] Cada episodio coloca su foco sobre uno de los personajes, quebrando la lógica del tiempo en favor de un perspectivismo más enriquecedor.

[ii] Tener “Va pensiero” de Nabucco en la banda sonora de esta serie revela cuánto se diferencia de otros productos. Y en lugar de aparecer como floritura pretenciosa, se integra en la trama por su significado y proyección.

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2 Respuestas a “The leftovers (2T): El milagro de 2015

  1. Muy buena reflexión, creo que se habla muy poco de esta magnífica serie (y ya ni hablemos de lo ignorada que está en los premios). Y hacen muy bien en terminarla en una tercera temporada, que no le vuelva a pasar a Lindelof como con Perdidos.

    Saludos

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