HALLOWEEN DE DIFUNTOS PARA 2015

Era más de media noche,

antiguas historias cuentan,

cuando en sueño y en silencio

lóbrego envuelta la tierra,

los vivos muertos parecen,

Los muertos la tumba dejan.

El estudiante de Salamanca, José de Espronceda

Por David Martin Acedo

A finales de octubre, España se divide entre los que acuden con semblante serio, crisantemos en la mano, a los cementerios para honrar como cristianos a los difuntos y los que vaciamos y recortamos la superficie de una calabaza, nos disfrazamos de forma siniestra –y sexy, las más de las veces- y soñamos, ya americanizados, con soltar un “¿truco o trato?” a nuestros vecinos, amigos y parientes. Festivos o mórbidos, Día de todos los Santos o Halloween, convidados de piedra o zombies, el mundo se reparte estos días entre dos ejércitos bien diferenciados.

Y quienes nos alistamos en el segundo bloque, adoramos nuestro becerro de oro: el Festival de Sitges. En pantalla aparece King Kong derribando aviones y retruenan los aplausos en las salas del Auditori, Retiro y Tramuntana; desfilamos obedientes y un poco putrefactos por la Walking Dead un sábado, postergando citas o polvetes; hacemos quinielas con las posibles ganadoras de la Sección Oficial y nos la vemos y deseamos para abarcar la programación de películas, objeto de verdaderos quebraderos de cabeza. Nosotros hemos seleccionado, entre las que pudimos ver, nuestras favoritas y quedarán, por supuestos, muchas en el tintero como The Witch o I´m a Hero, caza perdida en el gran bosque de este 2015, lleno de ilustres presencias como Oliver Stone, Sion Sono, Eli Roth, Terry Jones, Takeshi Mike. Y por en medio, una misteriosa caja llena de sangre, homenaje nada velado al último pecado capital de Seven.

Halloween 2015

The final girls: un grupo de jóvenes, entre ellas la hija de una actriz –por partida doble en la realidad y la ficción: Taissa Farmiga, muy vinculada a American Horror Story-, atraviesan en una sala cine la pantalla y quedan atrapados como personajes secundarios de un slasher ochentero, con campamento, bikinis y asesino silencioso incluidos en la fórmula. Una coña de metaficción que juega como en aquella Rosa Púrpura del Cairo con todos los tópicos del género de terror: la música, los estereotipos, los inevitables resortes de guión, pero en los que falta un poco más de hemoglobina y víscera. A los que disfrutaron con aquellas películas de machete y prendas escuetas, o con la divertidísima Cabin in the Woods, debemos aconsejarles que la vean, disfruten y juzguen. Inolvidable el instante en que “sueltan a la bestia” o cómo manipulan los mecanismos del flashback. Eviten el tráiler que desmenuza buena parte de las gracias de la película.

We are still here: un matrimonio entrado en años se mudan a una casa donde creen ser visitados por su hijo, recientemente fallecido en un accidente de tránsito. Esta falsa premisa deja paso a molestos sustos de fantasmas carbonizados –algunas veces innecesarios y por ello, irritantes-, a una turbia historia del pueblo y sus vecinos que detona en su tramo final con una violencia totalmente desatada, que tanto recuerda a aquella Perros de paja, centrada también en una casa asediada. Fallida e interesante por partes iguales.

Tales of Halloween: en la línea de VHS, Creepshow, The ABC of the Dead, películas compuestas por historias independientes, unidas por un nexo mínimo, Entre sus mejores episodios destaco Sweet tooth, siniestra fábula con moraleja sobre la gula, y Grim Grinnig Ghost, tensa y asfixiante con buena leyenda para narrar en noches de tormenta.

Deathgasm: hay un grupo de películas que reclaman ser vistas en grupo, con alcohol, comentándolas y si los astros lo permiten, en Sitges. El año pasado tuve la fortuna de ver una cosa demencial llamada Dead Sushi de Noboru Iguchi y el anterior, Zebraman de Takashi Mike; en casa, junto a los colegas, disfrutamos con Sharknado. Estamos hablando de películas que entran con calzado en el Séptimo Arte o en cualquier cosa llamado arte en minúsculas, pero vienen a ser las alegrías de los festivales. Deathgasm da todo lo que el público de Sitges exige: humor, referencias al sexo, frikis, zombies y muertes que sólo un psicópata podría concebir como entretenimiento visual. Añadan a este cóctel largas melenas, heavy metal y os garantizo el disgusto de cualquier tierna abuelita.

Vean buenas películas de terror y si quieren hacer equilibrios con tantas tradiciones, mientras vean una peli de sangre e higadillos, pongan una máscara mejicana en la repisa, coman castañas y panellets, y disfrácense de don Juan Tenorio zombi. Es la única manera de contentar este fabuloso 31 de octubre. Felices pesadillas.

Halloween Sitges

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