Cine de terror: Formas inesperadas

Por David Martín Acedo

I

“A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea” Virginia Woolf

Durante los muy encrespados y todavía más lacados 80, cuando en la pista de baile martilleaban las melodías de Ramazzoti y Mecano, se multiplicaban -¿lo recuerdan?- las películas de bajo presupuesto, libres de productores en despachos de última planta, ligeramente contestatarias ante el establishment y con ese punch gamberro difícil de encontrar hoy día en la babilónica montaña de  Hollywood: Demons de Lamberto Bava, Ghoulies, Critters, Gremlins, la gran legión de maravillas concebidas por Carpenter o Cronenberg, Dawn of the Dead, Noche de miedo… Entre aquellas películas, cuesta olvidar el título de una de ellas: El terror no tiene forma de Chuck Russell porque más allá de su estrambótico y muy divertido argumento –un ser alienígena y viscoso con gran apetito humano que aterriza en un pueblo-, el título acertaba con la clave de estas películas, siempre arrinconadas en las galas, eternamente asociadas al acné y a la inmadurez.

Aquella película sobre una especie de Blandi Blub mortífero tenía razón: cualquier cosa puede darnos miedo, aunque resulte difícil comprender la causa de este placer –disfrutemos sí o no en la habitación roja de Grey-, tal vez sea porque entre la privación o la experimentación, siempre elegiremos el susto ante la insípida indiferencia. Los miedos son múltiples, pero con todos ellos disfrutamos sin saber por qué o porque, como señalaba Pascal, “el corazón tiene sus razones que la razón no comprende”. En tiempos de paz, en épocas de bonanza, el terror suele proporcionarnos una diversión distinta; cuando la guerra o el drama estallan, el terror suele ocultar sus inesperadas formas.

En cualquier caso, sin querer comprender las pasiones humanas, tarea más adecuada para filósofos o novelistas, el terror no tiene forma: un glande empapado de vaselina, un embarazado no deseado, un grandullón cubierto con la máscara del capitán Kirk, una novatada estudiantil e incluso una llamada desconocida al móvil pueden suscitar escalofríos y trastornar, al llegar el crepúsculo, nuestro merecido descanso. El terror se escondía en la nave de carga Nostromo de Alien, en el fin de curso de la adolescente Carrie, en un barrio residencial durante Halloween, en el mítico edificio Dakota de Rosemary´s Baby, en las calles niponas de Llamada perdida.

El terror adquiere formas inesperadas: la película Psycho de un travieso británico como Hitchcock prometía al espectador una trama policíaca con robo y huida hasta que un cuchillo siega una cortina de ducha; una película de apariencia pastelosa, una especie de picnic soleado que Sofia Coppola pudo haber filmado, se va emborrascando hasta producir un desasosiego difícil de expresar;…

Los ejemplos abundan y queremos aquí rescatar un grupo de películas, más o menos recientes, que escapan un poco al circuito más comercial, en general pasan desapercibidas, pero tienen todas ellas ciertos brillos de terror fresco e inesperado.

II

“”Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja dominaron todo”- Edgar Allan Poe

You´re next: que la nación norteamericana es intrínsecamente violenta lo demuestra el cine de Griffith o Scorsese, pero también y con más fuerza la realidad y esa ley tan constitucional y absurda como es el derecho a matar en tu propiedad privada reafirman un problema sin visos de solución, a pesar de Obama o Moore. Cualquiera puede allí darse el lujo de un día de furia o escribir su propio relato salvaje, así que el terror tiene un nicho en todos los barrios estadounidenses, infestados de asesinos y psicópatas según el celuloide. Hasta la malograda The Purgue con un principio inmejorable –pero que acaba en gatillazo- analizó el desequilibrio entre civilización y violencia, como si la separación entre ambas fuera allí inexistente. No sólo la realidad, la ficción se ha ocupado de acribillar americanos, convertidos en víctimas de todo tipo: Hostel, The Green Inferno, Las colinas tienen ojos (me refiero al remake de Alexander Aja),… Con You´re Next la familia americana se convierte en la perfecta diana y no sobrarán verbos como apuñalar, cercenar, disparar, incluso batir, en esta especie de Solo en Casa sangriento con una sorprendente invitada a la fiesta. Frente a la intimidación de Los extraños, aquí huéspedes e intrusos entran en una sangrienta fiesta, en un refrescante slasher lleno de trampas, giros y mucha sangre.

Poster de You´re next

Poster de You´re next

La cabaña en el bosque: un gran homenaje al cine de terror, servido por un Joss Whedon antes de empollar su gallina de los huevos de oro: Los vengadores. Como en Scream, juguetea Whedon con la dimensión metarreferencial, pero entrando más en lo fantástico que en lo tenebroso, especialmente en la última parte del metraje. En gran medida, su gracia se supedita a ciertos giros que inevitablemnente, las redes y los muros se han encargado en desvelar. Menos se entiende que el tráiler estropee la diversión: ¿qué mago revela sus trucos?

House of the devil: Ti West gusta de trabajar con cadencias, con procesos, con una concepción casi musical del terror. Se toma su tiempo para crear una atmósfera y atraparnos en ella, cuidando los detalles, evitando los sustos repentinos. Apenas ocurre nada a lo largo de la película, pero se palpa la tensión, el aroma de la pesadilla, el aliento del demonio aguarda en la esquina. Añade interés a este relato casi minimalista el estilo vintage, muy años 80, en la música, en el color, en los planos… como si no fuera un dvd sino una cinta vhs alquilada en el videoclub y que tendremos que rebobinar antes de entregar.

House of the devil

Grave encounters: las mejores pelis del género lo son por construir personajes y sufrir por ella: Ángela en Rec, Cotton en The last exorcism,… y en este caso, un grupo que actúa con inteligencia, sin heroísmos o suicidios casi forzados. Aprovecha el escenario, protagonista central, como ya antes y seguramente con mejores resultados habían ya demostrado The Shining –el hotel Overlook de Denver- The Thing –un territorio ártico que ni el mismo Shakleton pisaría- y tantas otras que congraciaban el territorio sobrenatural con un decorado físico, el horror asociado a un espacio. Diríamos que desgraciadamente es territorio común asociar lo inquietante con los sanatorios mentales, pues todavía se mantiene el tabú de la enfermedad mental como algo inhóspito, desconocido, por tanto inclinado a ser pasto de nuestros miedos, aún atávicos como lo siguen siendo el fuego o la oscuridad. La película saca jugo de esta baza, pero también de los personajes, convincentes, creíbles, que a las primeras de cambio deciden huir del lugar. Como ciertas atracciones, la película provoca tanta angustia como desorientación, una sensación que recuerda a esos trenes de la bruja a la que algunos nunca quisimos embarcar.

I´m a ghost: su título mismo desenreda el acertijo, así que la película se propone mostrarnos la vida cotidiana de un fantasma, incapaz de comprender su estado actual ni las causas de su fallecimiento. Si Zemeckis jugaba travieso con el mundo espectral en la divertidísima Agárrame esos fantasmas o el mismo Amenábar construía un drama victoriano, un tanto engolado, en Los otros, I´m a ghost con escasez de recursos, crea un experimento formal, metafísico que por fuerza gustará a unos pocos y aturdirá a muchos. Este ensayo sin intención comercial entretiene a pesar de los bucles iniciales, apuesta por algo distinto y sobre todo, genera en su último tramo, inquietud. Su originalidad, su planteamiento casi psicoanalítico, su audacia formal pueden compensar parte de sus fallos y frenar las suspicacias ante esta rareza del terror.

Ghost

VHS 2: a vueltas con el found-footage, género basado en el metraje encontrado que parecía inaugurar The Blair witch Project (aunque antes –mucho antes- estuvo Manuscrito hallado en Zaragoza o ciertos pliegos de un tal Cide Hamete), varios directores montaron un pequeño carnaval de monstruos y sustos con una vaga excusa –unos tipos encuentran una cinta en un piso abandonado- que hilvanará varios relatos con resultados desiguales. Desde el encuentro de Polidori, los Shelley y Byron en la Villa Diodati, allá en 1816, es frecuente este género: Masters of horror, Creepshow, Cuentos de la cripta… El más logrado episodio, a mi juicio, lo encontramos en  Safe Heaven, dedicada al mundo de las sectas que había ya dejado muestras de horror fanático como The sacrament o Red State en estos últimos años. Pero la visión subjetiva de un zombi, un trasplante ocular con negativos resultados o unos intrusos galácticos son parte de un juego coral que entretiene al aficionado, tal vez no tanto a los esquivos del género de terror. Pero que cada uno juzgue y recuerde luego rebobinar la cinta.

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