Antes de Nightcrawler: periodismo sin periodistas

Por David Martin Acedo

A Maruja Torres

“El verdadero valor de un objeto es el precio que alguien está dispuesto a pagar” Nightcrawler

De madrugada llega empaquetada la prensa al quiosco, el vendedor ordena y despliega los ejemplares con sus grandes titulares, durante el día vende un poco de todo para sostener el negocio –duro, constante, tal vez imperecedero- y llegada la noche, recoge. Cuando le pregunto sobre el estado de la prensa, lo confiesa: “los periódicos ya no se venden como antes, incluso la tradición de los domingos se está perdiendo. Le está pasando como al cine”. Es una forma ágil de resumir la crisis del periodismo.

Existe otra versión de los hechos, la que publicita una parte amplia de la prensa. Muchas grandes cabeceras repiten una y otra vez los mismos versículos, el mismo mantra, ya sea El País, ABC, La Vanguardia, El Mundo, El periódico, La Razón… Todas apuntan con dedo acusador a Internet: “cualquiera cuelga un vídeo antes que llegue el periodista”, “los bloggers y los youtubers están acabando con el negocio tradicional”; luego añaden que es el fin de una era hasta ahora conocida. Luego en sus tablas de piedra esculpen el nombre de la Crisis –sin describir su origen, como si hablasen de un seísmo o una plaga de Egipto-, recuerdan la caída de ingresos por publicidad, mencionan de pasada la deuda –entre susurros- y con todo ese montante, los directivos, ayudados por la reforma laboral, ya acumulan unas cuantas buenas razones –o excusas- para despedir a parte de la plantilla, a precarizar las condiciones de los nuevos periodistas, a abusar de becarios y gente en prácticas, a aumentar el espacio de la publicidad, a reducir las costosas investigaciones… La mejor fórmula, ya sabemos, para rematar al moribundo.

Pero podemos anotar una tercera versión de la crisis del periodismo. Cuando se habla de la crisis del periodismo, a uno siempre le viene a la mente la profecía de “la Muerte de la Novela”. Son dos bagatelas que justifican simposios, tesis, conferencias y de vez en cuando, un debate entre tertulianos, capaces de hablar con regocijo y sin pestañear del sexo de los ángeles o de una crisis de gobierno, según convenga al canal o al moderador de turno. Olvidan que siempre habrá lectores, necesidad de informarse, deseos de recorrer nuevos mundos y repasar viejas costumbres.

Los novelistas siguen publicando sin darle demasiada importancia al pesimismo paralizante de algunos teóricos. Y por supuesto, en España y en Cataluña tenemos Salvados, El intermedio, Caféambllet, La Directa, Diagonal, El Diario, La Marea,… Existen periodistas independientes, cooperativas que evitan el endeudamiento –por tanto, evitan depender de entidades bancarias-, prensa que responde ante sus lectores y suscriptores, artículos de opinión que no se supeditan a la voz de su amo, investigaciones que hacen tambalear a formaciones políticas y a grandes empresas y fortunas. En definitiva, el buen periodismo sigue vivo.

¿Qué ocurre entonces con las grandes cabeceras en este país?

Un día los grandes periódicos despertaron con el mismo rostro. Las diferencias en la tradición, en la ideología, en la vinculación política que cada uno había presentado el día anterior, de repente se había esfumado, sólo quedaban grabados en sus rostros unas grandes ojeras, esta vez en sus portadas matutinas: el Banco Santander ocupaba la prensa de España. El capitalismo sin tapujos había ideado la doctrina del shock, la prensa sensacionalista, las burbujas estacionales, que minaban la democracia, pero ese día la misma realidad nos regaló la mejor metáfora sobre el estado actual de cierto periodismo. Ese día alguien orinó sobre la Libertad de Prensa. ¿Llueve sobre mojado?

de Infolibre

El periodismo nace, respira, sobrevive principalmente gracias a un solo elemento de este planeta, todo lo demás ayuda a andar. Su oxígeno es la credibilidad. El Mundo concibe un complot, construye una paranoia donde PSOE, ETA y el atentado de Atocha se revuelven en una trama delirante. La plantilla de El País exige la dimisión de sus directivos, entre ellos Cebrián con un salario astronómico; el mismo periódico que cuelga una foto de Chávez moribundo y luego debe desmentirlo, elimina con un ERE parte de su plantilla, entre ellos algunos de los mejores periodistas, antes de que se firmara una carta colectiva en contra de la censura.

Veáse la página web: ere-elpais.

Varios medios publicaron como noticia el nuevo maquillaje de Uma Thurman porque una agencia de noticias la vendió como una operación estética y nadie contrastó los hechos. En varios canales de televisión, cuando llega el verano, colocan como noticia el paseo de una familia de patos a través de una autopista. Montajes fotográficos en portadas, anuncios publicitarios sufren una remodelación en noticia de última hora –Apple, Salón del Automóvil…-, una boda ocupa un telediario,… Se acumulan los ejemplos que amordazan la prensa de este país.

¿Imaginan por un momento que se publicara como Carta al lector un artículo como este?

Aunque apenas ningún medio recogió la noticia –perro no come perro- se publicaba en 2013 Papel Mojado que destapaba las vergüenzas de las cuatro grandes cabeceras de este país. A pesar de la gravedad de su contenido, que cuestiona la independencia de esta prensa, nadie los ha acusado por injurias, calumnias u ofensas. Ya han pasado dos años y por lo tanto, además de su estilo gráfico y bien documentado, suponemos que esas verdades que desnudan al emperador son hechos indiscutibles.

Cuando la prensa pasa a ser propiedad de los bancos, ya no recibimos información, se esconde o la secuestran, porque si el consejo de dirección lo integra la banca: ¿cómo puede hablarse del nefasto rescate de los bancos? ¿De las preferentes? ¿De los fondos buitres? ¿De la privatización del estado del bienestar? ¿De los desahucios? ¿De la tóxica puerta giratoria entre cajas y partidos políticos?

“El problema no es que la banca opere como tal en su negocio –esto daría otro largo y controvertido debate-, sino que la banca se convierta en editora de prensa. Y en España”.

Ese periodismo vive una crisis, sí, de identidad, de credibilidad, de independencia. En otros lugares se ejercerá el periodismo, bajo presión, bajo denuncias, sin respaldo bancario, sin amparo político, quizá en internet, quizá en crowfunding, quizá con ayuda de suscripción o con proyectos anuales. En cualquier caso, a pesar de los pesares, nuestro tiempo también dará su Lee Anderson, su Woodward y su Bernstein, sus grandes corresponsables, su Capra, su Gabilondo… y también dejará la huella de una legión de cortesanos, de asesores de imagen, de simples mensajeros, de merodeadores de sangre y cotilleo, de censores, de cómplices en la ley del silencio para vergüenza de nuestros herederos.

En esa corte bien puede, hoy o mañana, nacer una criatura como LouisBloom, el protagonista de Nightcrawler. Los tiempos le son propicios.

papel_mojadoportada_1024x1024[1]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s