COMMUNITY: ¡E Pluribus Anus!

Por David Martín Acedo

Con este artículo nos llevamos de casa nuestro bocata de Nocilla y nuestra carpeta, decorada con pegatinas (¿alguien ha olvidado los Toy Enfermo…?) e ídolos, a la Comunidad de Greendale. Por si hay duda, no estamos en el instituto de Salvados por la Campana ni pisamos la vetusta academia de El club de los poetas muertos. Nos encaminamos hacia una universidad ¡pública!. Aquí no se viene a estudiar sino a jugar a paintball, a disfrazarse, a jugar a rol, a recrear Modern Warfare, a realizar un extraño curso sobre Teorías Conspiratorias y en especial, a salvar de vez en cuando la universidad de alguna crisis. No veremos historias de amor alargadas hasta la náusea, ni flirteos, ni acoso escolar, ni embarazos no deseados, ni sermones… Frente a otras series juveniles, Community de Dan Harmon se comporta como un Daniel el Travieso, pero con un toque mucho más irreverente y sarcástico que el que definía al risueño chaval de la tira cómica.

A diferencia de otras series de humor blanco, decididas a ser inocuas (Al salir de clase), ligeramente comprometidas (El príncipe de Bel-Air) o relativamente reflexivas (Dawson crece), Community se atreve con todo y con una gran insolencia, con un deseo de provocar al personal casi inédita, salvo que hablemos de dibujos animados: el blasfemo South Park y las creaciones ácidas de Seth MacFarlane: Padre de familia, American Dad. De igual modo que Flying Circus de Monthy Python hurgaba en todos los tabús de la sociedad puritana de Inglaterra, Community traslada sus dardos a la política, al racismo, a la religión y sí, sin duda, a la industria cinematográfica, bajo un mandato sagrado: entretener sin descanso durante sus veinte minutos de duración.

Los mensajes con que cierra cada capítulo son una burla al moralismo, a cualquier gesto bienintencionado, a la habitual idea de que “hemos aprendido algo de todo esto”. El estilo Barrio Sésamo para adultos no casa bien con esta serie. Community Su creador, Dan Harmon, ha demostrado ser en cada temporada el más travieso de la clase, pero también el más listo de su promoción. Subvierte todos los clichés, maneja con habilidad de prestidigitador todos los registros de la televisión y sus referencias a la cultura pop son casi incalculables. Hay capítulos que son un universo propio y podemos toparnos con homenajes a Sergio Leone, a doctor Who, a CSI, a los zombies, a Anatomía de Grey, la amenaza de spoiler (5×05), a Gijoe, al Indomable Will Hunting, a Pulp fiction, a Mi cena con André. Incluso crean su mundo seriéfilo: Kick Puncher, Inspector Espacio Temporal. Abunda la inagotable erudición, celebración cultural, el friquismo desatado, pero donde otros tropezarían con la pedantería, aquí luce la irreverencia.

Y encima, por si fueran poco esos guiños, nuestros protagonistas son un grupo de estudio multicultural y muy disfuncional, algo así como la familia de Pequeña Miss Sunshine pasada por una túrmix enloquecida. En el centro de la serie, los 7 de Greendale son maravillosos estereotipos: la afroamericana ultracristiana, el snob Jeff sin escrúpulos y muy egocéntrico, enganchado al móvil, la empollona Annie que nos recuerda a la repelente y genial Tracy de Election, la exestrella de fútbol Troy, el anciano racista llamado Pierce que podría incomodar al mismísimo Torrente, la  comprometida y ecologista Britta y el maravilloso Abed, un autista emocional tan friqui como intelectualmente superior al resto… Y junto a ellos, un espléndido coro de secundarios, encabezados por el hilarante y camaleónico rector y el desquiciado Chang (sí, el desquiciado asiático de Resacón en las Vegas). Y de vez en cuando, estrellas invitadas que no desvelaré para no estropear la sorpresa. Sólo confieso bajo tortura que los aficionados a Perdidos, Breaking Bad, The Wire, Star Trek, Las chicas de oro estarán muy de enhorabuena. Dan Harmon exige con sus guiones nuestra atención: la velocidad y el ingenio se atropellan como en una conversación de la película The Social Network (La red social), firmada por el incombustible Aaron Sorkin.

Los personajes se han convertido hasta la fecha en G.I Joe, personajes de videojuego, animación stop-motion,...

Los personajes se han convertido hasta la fecha en G.I Joe, personajes de videojuego, animación stop-motion,…

Desinhibida, juega con el metalenguaje de las sitcom gracias a Abed, el cinéfilo capaz de ver el episodio encapsulado, las referencias y guiños al cine y frente a la perplejidad de todos los personajes, se dirige en ocasiones al espectador inexistente. Intertextualidad, experimentación formal: es una serie posmoderna. Parodia todos los clichés habidos y por haber del género televisivo, buscando más la complicidad del adicto que la arrogancia del pedante.

Pero tanto la serie como los espectadores hemos tenido varios asomos de infarto cada vez que veíamos alguna noticia sobre su futuro y es que cada temporada nos ha dejado un rotundo cliffhanger: ¿darán carpetazo y suspenderán a los siete de Greendale? Se descolgó en la cuarta temporada Dan Hamon, se marchó Chevy Chase, amenazas de suspensión, caídas de audiencia, traspaso de NBC a Yahoo. Algunos realizaron una flashmob (Save Community, Occupy NBC) e ingeniosos pósters promocionales (six season and a movie) para rescatar del precipicio esta serie porque sus seguidores representan una turba muy hooligan que ha logrado hasta ahora su supervivencia.

Para quien quiera husmear en esta serie, les sugiero siempre los episodios de paintball para iniciarse. Pero ante la crítica que ha consensuado el mantra de “hay episodios de relleno”, debo aclarar que hasta en los más flojos (y pensemos que cada temporada contiene 23 episodios) hay algún grandísimo acierto. Yo elijo entre los muchos el episodio Comparative Religión (“el agnóstico es el ateo perezoso”), The politics of human sexuality, Advanced Dungeons & Dragons, Epidemiology, pero quizá mañana me incline por otros si revisiono de nuevo las temporadas. Imposible escoger, aunque sí puedo afirmar que la segunda y tercera temporada me tienen rendido.

Community es en definitiva el mejor plan de estudios que una universidad puede confeccionar. Para aprender, para disfrutar, preferimos matricularnos en Greendale, donde reina la anarquía y la multiculturalidad y rechazar sin pestañear cualquier beca para entrar, serios, trajeados, en una clasista Cambridge o en una pomposa Oxford. En palabras de Abed, esta universidad mola, mola, mola…

Icónica es la singular bandera de Greendale que muestra aquí su rector.

Icónica es la singular bandera de Greendale que muestra aquí su rector.

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