Historias mínimas: Dockwood y Sueños de trenes

Hay pequeñas historias que son inmensas, breves narraciones que se expanden más allá de sus propios límites. Es lo que sucede cuando un creador sabe pulir su obra, desbrozarla de lo innecesario y dejar únicamente aquellos fragmentos cristalinos que vuelven transparente aquello que en nuestra vida diaria es opaco. Es lo que consiguen Jon McNaught y Denis Johnson en Dockwood y Sueños de trenes, respectivamente, dos creadores que saben hacer de lo nimio un universo en expansión.

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Hay algo en Dockwood que no deja de fascinar, algo que permanece tiempo después de que hayas cerrado sus páginas, algo tan efímero, tan difícil de captar y plasmar como lo puede ser la vida cotidiana, el cambio de luz de la tarde a la noche, los movimientos de los animales que nos rodean o la propia ausencia. Jon McNaught es un creador que hace de la sencillez una pauta para hacer emerger la complejidad: porque es la ausencia de concreción, su paleta de colores, el contraste entre luces y sombras lo que hace que sobre su composición sobrevuele una mirada mucho más incisiva y poética de lo que una lectura superficial podría hacer pensar. Jon nos invita a recorrer las calles y casas del pueblo que da nombre a su cómic de la mano de tres pequeñas historias que transcurren en un melancólico otoño: en sus primeras viñetas, seguimos los pasos de un joven que trabaja en el asilo Elmsview, donde vemos cómo prepara las comidas y visita a sus residentes, cómo el tiempo se deshace entre los pasillos, los silencios y los recuerdos mudos de sus habitantes; ante la quietud de esta primera narración, la historia de un repartidor de periódicos nos permite salir al exterior y observar las calles y los árboles, detenernos ante las casas y compartir una breve conversación con alguno de sus habitantes; y, por último, la historia de los animales que comparten el día a día en Dockwood con sus habitantes. Una narración que se entrecruza con las dos primeras gracias a una composición de páginas que son una auténtica delicia, en la que cada viñeta dialoga todas las demás con una fluidez y una naturalidad dignas de mención. Dockwood se mueve a un ritmo lento, retratando cada aspecto de la vida cotidiana de sus protagonistas con un detallismo que dota de vida y sentido todo aquello que queda capturado dentro de cada viñeta con una sencillez sublime.

 

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Sencillez, algo que comparte con la obra de Denis Johnson, un autor alejado de los grandes focos pero prolijo en muchos géneros literarios: ha escrito poesía, teatro, relatos, novelas, ensayos… Su última novela, Sueños de trenes, es una buena muestra de su maestría: en ella nos explica la historia de Robert Grainier, un jornalero que vive en el Oeste americano que sobrevive con los más esencial después de que una tragedia sacuda su vida. Puede parecer arquetípico el argumento, pero la escritura de Johnson está tan depurada que consigue crear algunas imágenes en la mente del lector que muy difícilmente podremos olvidar. Quizás es por su prosa escueta, por su manera de hilvanar la tragedia humana con la crueldad y la belleza del bosque, la realidad con el mito, lo transitorio con lo eterno. Sea como fuere, la novela no hace más que seguir, a partir de grandes elipsis temporales, la vida de un trotamundos que siempre vuelve al mismo lugar, a esa cabaña en medio de un bosque incendiado, viendo cómo la naturaleza destruye y vuelve a crear de vida a través de las cenizas del horror. Sorprende la naturalidad con que lo fantástico se entremezcla con la gris realidad de Robert Grainier y hace emerger de ésta un hálito de esperanza y resignación, sin despertarnos de esos sueños que nos mantienen unidos a ese fugaz universo de lo mágico. Una obra que nos transporta a ese estado de duermevela, ese momento fugaz en el que sueño y realidad se entremezclan, sin saber donde empieza una y termina el otro: ¿una realidad soñada o un sueño muy real?

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Pasear por Dockwood o por el Oste americano es extraer poesía de la cotidianeidad, caminar despierto por los sueños de un mundo que se despierta: grandes historias mínimas.

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