Phenomena: una butaca es una máquina del tiempo

Pido perdón por confundir el cine con la realidad” Luis Eduardo Aute

Cada vez que entramos en una sala de proyección y se apagan las luces, volvemos a ausentarnos del tiempo y el espacio. Como los fantasmas, nos desmaterializamos en nuestra butaca y perdemos de vista nuestras preocupaciones, nuestras neuras, todos los monos que llevamos sobre la espalda y por un tiempo atravesamos una ventana hacia otro tiempo, otro espacio. El truco parece sencillo: una neblina de luz que parpadea en medio de la oscuridad, un rumor de respiraciones, alguna que otra tos, un crepitar de palomitas y la ensoñación común. Esta resulta ser la magia que un medio tan material como el cine provoca en nuestro espíritu. La palabra es intelectual, pero el cine es universal, su lenguaje alcanza a todos como un juego de ilusión y fe. Cada cineasta juega como Houdini a meternos en un cajón y hacernos desaparecer.  Este teatro industrial abre su telón, monta y encaja los fotogramas, inserta fantasía en el celuloide y nos lo lanza en la gran pantalla del cine. ¡Tachán!

Detalle del cine Phenomena

Detalle del cine Phenomena

La crisis y los nuevos medios no deben privarnos de esa experiencia colectiva, tribal e íntima al unísono: la de comprar una entrada y acudir como niños, atraídos por la melodía de Hamelin, al cine. Este pequeño reino de fantasía ha acabado siendo un reino de libertad y sin fronteras dentro de un imperio demasiado legislado y muchas veces, gris. El terco goteo de cierres está eliminando un territorio común, un público, la conquista del tiempo libre, está destruyendo un campo y dejando este arte –figurativo y abstracto- en fuera de campo. Por suerte, frente a esa oscura tendencia, aparecen tentativas que alientan y animan esta fábrica de sueños, que desafían la estadística y esta –aparentemente- imparable bola de nieve. Ventura Pons reabrió el cine Texas, un cine de barrio en Gràcia con precios reducidos (o mejor dicho, sensatos); hay ilusión en la propuesta, hay ungüento en tiempos de miseria, que tiene eco en una de las citas que pueden leerse en la cristalera: “mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia” pronunciada por un mago de sombrero y bastón,  Charles Chaplin.

Salón de espera en Phenomena

Salón de espera en Phenomena

Si quisiéramos recuperar el sabor de la adolescencia, los treintañearos podemos comer unas pipas Grefusa, jugar a un pinball, ver un capítulo de Mazinger Z o Marco, vestirnos de Jedi o Supermán durante el carnaval… La otra opción, llena de nostalgia y homenaje, sale del terreno privado y se zambulle en la catarsis colectiva, donde podemos aplaudir a rabiar, celebrar entre risas o saltos en la butaca. Es el otro desafío, que se une al de Ventura Pons. Pero esta vez debemos trasladarnos a Callao o a Sant Antoni Maria Claret y atravesar las puertas de otro cine. Para hacerlo, como argonautas subiremos a un extraño barco, Phenomena, con un máscarón en la proa llamado Nacho Cerdá. Que reivindica el cine clásico y no sólo la pura nostalgia que inmoviliza y nos envejece. Sesiones dobles que recuperan un cine desplazado por nuestro Hollywood hiperbolizado y en 3D: Cazafantasmas, Flash, La cosa, Indiana Jones, Willow, El precio del poder…

Nuestro Phenomena se distancia de la propuesta del Rex y parece desmarcarse del cine de barrio con un planteamiento casi opuesto. La cartelera aparece iluminada con letras de molde y desde la taquilla todo nos invita como una máquina del tiempo a entrar en los años 20. Art Decó en estado puro para reinstaurar en nuestro siglo deprimido el escapismo, la joie de vivre, los aires de jazz y charleston, que merecemos durante unas horas. Presentimos que al acercarnos al bar, aparecerá una joven con un vestido con flecos, boa de plumas y cinta en el pelo para reclamar nuestra entrada. No es casual que la alfombra nos recuerde el Resplandor: ese es el tiempo en el que se instaló Jack Torrance, el de las fiestas eternas, tiempo de lunares y medias de rejilla, gabardinas y boquillas para fumar. La era de los sueños, de las ilusiones imposibles, cuando la magia del cine se transforma en realidad. No nos extrañará, pues, que justo en la entrada de la sala, a los pies, antes de acceder a la sesión doble de Harryhausen, pueda leerse: “Reality ends here”. Y al entrar, un gran telón nos recuerda a los grandes teatros que fueron una vez los cines, antes de que las salas comerciales –o multisalas- coparan toda la industria, antes de la deforestación que iniciativas comerciales como Phenomena intentan frenar.

Phenomena 1

Buñuel señalaba años atrás: “Las primeras películas que vemos son nuestros sueños”. Gracias a Phenomena esta frase cobra hoy nuevo sentido. Y nosotros que la hagamos posible por muchos años.el poder…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s