LOCKE AND KEY: Las llaves de la imaginación

“Bendita la palabra que nace cuando se abre una puerta, un recuerdo, una herida” Delia Quiñonez

Las mejores historias suelen tener un argumento muy sencillo: un monstruo aparece cada tres décadas para devorar el miedo de los niños, una adolescente acomplejada descubre que tiene poderes telequinéticos, un escritor de novelones románticos es secuestrado por su mayor fan, un hotel encantado, un caballero busca el centro del universo- situado en una torre-, un padre quiere devolver la vida a su hijo, … Un héroe, un villano, una motivación y lo esencial: saber contarlo. Y este cómic, Locke & Key,  cuenta maravillosamente bien la historia de una casa repleta de llaves mágicas, de una familia en peligro y un villano que desea abrir una puerta secreta. Pero antes de intentar descubrir qué hay tras esta puerta y entrar en la Casa de las Llaves, debemos conocer el pasado porque “cuando quiero conocer el futuro, miro en el pasado”.

En 1977, Stephen King, el gran novelista de Estados Unidos –que ya ha demostrado con creces haber superado el sanbenito de escritor de novelas baratas, aunque le pese al conservador y ultraelitista Harold Bloom-, desapareció como un fantasma y creó un seudónimo para no colapsar cada año el mundo editorial a causa de su más que prolífica etapa. Su hijo para evitar las comparaciones empleó a Joe Hill como distracción y esquivar así cualquier referencia envenenada. Ninguno necesitaba esa estrategia: los lectores no se cansarían nunca de otro título más de Stephen y Joe Hill demostraría con Locke and Key que había heredado dones y suficiente talento como para ocupar un espacio único en la mesa familiar. Locke and Key se considera hoy uno de los mejores cómics de terror, incluso disputando el puesto a Robert Kirkman y a su más conocida criatura, The walking dead.

Locke 1

Entrada a la Casa de las Llaves

Joe Hill había irrumpido en la literatura con la publicación de una colección de cuentos, Fantasmas, que hacía gala de una mezcla inusual de ternura y asombro en su estilo; el catálogo se componía de un relato sobre un niño globo, un asesino en serie, un niño secuestrado junto a un teléfono e incluso un guiño a La metamorfosis de Kafka. Sin ser historias redondas, le valió cierto prestigio y más tarde, publicó Cuernos (Daniel Radcliffe se adaptó a la cornamenta en su versión cinematográfica), El traje del muerto… Pero ha sido en el tebeo donde mejor ha demostrado sus dotes narrativas. Como buen prestidigitador, dosifica los cliffhangers –mucho le debe su escritura al cine y a las series-, equilibra el terror y el humor, construye personajes que emocionan y lamentas verlos sufrir (y en esta guerra por las llaves, hay mucho sufrimiento). Cuando leemos por segunda vez el cómic, algo que invito a hacer varias veces, descubrimos cuánta inteligencia hay depositada en la organización de la trama, cuántos guiños hay ocultos hacia futuros momentos, ciertas frases o detalles se dirigen al lector e incluso, la red de paralelismos juegan en favor de una estructura esférica.

Como una buena historia que es, tiene varias capas de lectura. Al niño, acompañado por Bode, le muestra un mundo imaginativo, fantástico, donde importa mucho el juego –atrapar al ratón, el escondite, las máscaras- gracias a unas llaves que nos permiten hacer de todo; cada uno puede defender su llave preferida e imaginar sus posibilidades. Al adolescente le ofrece el primer amor, las dudas, la incomunicación e incomprensión de los demás, las escenas de sangre y horror que tanto gustan al freak, la transformación de las polillas que son los personajes. Sabemos que en un pozo está el eco de Stephen King, que nos enseñó a través de sus novelas la importancia de no crecer demasiado, que los adultos han olvidado la magia y la fe (It es quizá el mejor ejemplo). Y al adulto le muestra la historia americana, el racismo, la intolerancia –al homosexual, al discapacitado…-, abundantes referencias literarias –Lovecraft, Shakespeare, Peter Pan, Tank Girl,…- o la melancolía que tizna el alma adulta.

Es quizá Mecanismo de relojería su tomo más logrado. El más especial sigue siendo Las llaves del reino, lleno de homenajes al mundo del cómic e inspirándose en Calvin and Hobbes o las historietas bélicas para mostrarnos el interior de Bode o Zack. A diferencia de Fábulas, ningún elemento puede separarse del conjunto y posibilitar spin-off o segundas vidas, nada puede separarse porque quedaría como un parásito sin vida. El cómic nos obliga seguir el dibujo de Gabriel Rodríguez hasta su último número y cerrarlo con doble vuelta.

No hay nuevas ventanas ni escaleras que nos conduzcan de nuevo a esta puerta. Aunque en 2011 se rodó un piloto para Fox Networks que no gozó de continuidad y se especula siempre con una película, nada hay, excepto una miniserie gráfica de Joe Hill, Wraith, sin fecha de salida en nuestro país. Mientras tanto, como parásitos, atrapados al esqueleto de Locke and Key, queremos la llave que Joe Hill esconde en su cabeza. Y mientras la buscamos con ayuda de las sombras, nos consolaremos con nuestros sueños y con el deseo de viajar a la bahía de Massachussets para encontrar alguna llave, tal vez la de la cabeza o la de doquiera

Locke 3

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