MEMORIA DE LA CRISIS

A Félix (Riba-Roja, Valencia)

 

   Las luces que guían y unen a un país son, en general, razones que encubren el egoísmo y el miedo de las multitudes: banderas cosidas a un tetris de tierra, pensiones subastadas y siempre en vilo, una cruz, una pelota, algún cliché y de este modo, en lugar de ciudadanos encontramos creyentes, aficionados, clientes y votantes y en vez de países o ágoras, vemos chiringuitos, burdeles, casinos, centros comerciales, estadios o púlpitos.

   Pero lo que moviliza e impulsa a los individuos debiera ser la utopía (las quimeras que los reyes condenan), las virtudes públicas (solidaridad, tolerancia, profesionalidad…) y los actos de bondad: ser bueno en el buen sentido de la palabra, que dicta Machado. Mientras los políticos reclaman en su fantasía democrática y cuatrienal (poder en barbecho del pueblo) nuestro sacrificio, nuestra abnegación, la obediencia de sus votantes, los ciudadanos buscamos discursos vitalistas, faros y estrellas más lúcidas por donde conducirse.

   Y es que en estos tiempos lóbregos, tan partidarios del viejo feudalismo, en lugar de mesías y falsas promesas, ha de unirnos más la justicia que la caridad, más la cooperación que el individualismo frenético, más la reivindicación que la indignación, más las plazas que las redes y por encima de todo, recordar los errores, los crímenes, las responsabilidades de quienes ocupando poderes públicos, despilfarraron o malvendieron lo de todos. Convirtieron ellos lo que era comunal en coto privado y cuando ya esquilaron nuestros bienes, despellejaron durante esta Depresión nuestros derechos, nuestros comedores sociales, nuestros hospitales y escuelas, nuestras casas y salarios. Si nuestros gobernantes jamás repararon las atrocidades del pasado y sepultaron en fosas tantos huesos, no permitamos que nuestra comunidad destierre las obligaciones, reparación para tantas víctimas que por un puñado de monedas (y deudas) sacrificaron en la calle.

   Cada cual encuentre su faro nacional, sea un himno o una selección, una lengua o un baile tradicional. Algunos encontramos ese faro en algunas plazas. Aunque un día regrese el crédito y vuelen todos de nuevo a los comercios y a las antiguas trampas de falsa prosperidad, cuando pronuncien los gurús los lemas de recuperación y bonanza, algunos recordaremos el osario de sacrificios que abonó la codicia de unos pocos.

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