Viaje alucinante al fondo de Sheldon Cooper

En gran medida, los personajes de series cómicas son estereotipos, es decir, se ciñen a un patrón, presentan un cúmulo de tics y muletillas referenciales. Y como estereotipos, se inclinan a ser una parodia o una grotesca distorsión de un tipo o colectivo. Es lugar común recordar que buena parte del oficio de Dickens desarrollaba tipos que apenas evolucionaban.

En las series, como botón de muestra tenemos a Joey de Friends (un italoamericano bobo y ligón), Niles de Frasier (hipocondríaco y snob psiquiatra), George de Seinfeld (el torpe y fracasado). Cada uno puede escoger de su baúl. Es la empatía o las situaciones las que muchas veces permiten seducir al espectador. El guionista promete cumplir unas expectativas respecto a sus títeres y pocas veces se permite el matiz o un arco psicológico de cierta envergadura para ellos; esos ángulos se aparcelan en el drama y como entidades complejos, podríamos aludir a Tony de los Soprano o Don Draper de Mad Men o Al Swearengen de Deadwood.

 

Protagonista de The Big Bang Theory

Protagonista de The Big Bang Theory

 

No diré que nuestro físico teórico, Sheldon Cooper, irrumpa en la parrilla televisiva como un personaje poliédrico porque en buena medida, él es un monolito, un testarudo, un animal de costumbres en el más amplio de los sentidos: él tiene su lugar en el sofá, sus estrictas reglas de convivencias, sus muchas manías e infinitos tics compulsivos-. Pero su perfil, que intentaré describir, obliga a superar su inicial retrato de Nerd y transformarlo en un ser humano, peculiar sin duda, pero humano con sus contradicciones y titubeos.

En cierto modo, Sheldon respeta el paradigma del nerd (¿ el gafapastas en la orilla hispana?) e incluso lo incrementa: inteligente, poco atractivo, inepto social, célibe y en general, objeto de burlas estudiantiles. Sorprende que un personaje de atributos tan tristes pueda hacer reír, pero buena parte del humor surge de esos rasgos. Hay una rica variedad de Nerds en el cine y en el cómic: Peter Parker, Clar Kent, Harvey Pekar, Seymour de Ghost World, los protagonistas de Supersalidos, pero por encima de todos, Sheldon es el Nerd. Es el estudiante marginado que tantas veces retrató Stephen King en sus novelas.

Los propios compañeros nerds adoptan, que no aceptar, a Sheldon como a un bicho raro. Incluso la caracterización física es brillante: a medio camino entre Gollum y mantis religiosa, Sheldon genera inicialmente verdadera grima entre las chicas. Incluso su núcleo familiar determina y facilita esta curiosa creación: hijo de padres divorciados –una madre que parece liderar el Tea Party en el este de Texas y un padre ausente, borracho, violento-. De este ambiente disfuncional germina este especimen de curiosa psicología que haría las delicias de cualquier terapeuta.

Es soberbio hasta el extremo de despreciar todas las mentes, porque siendo superdotado, analítico – un Punset de una quinta dimensión- sólo ve obviedades, certezas donde cualquiera hallaría dificultades. Lo más probable es que como Platón, Sheldon confiara en una forma de gobierno basada en la meritocracia y no la democracia. De ahí que genere repudio general y deba escudarse en la mordacidad. Las frases que ingenian sus guionistas para burlarse de los demás bien merecerían un Parnaso, junto a las de House o Sherlock.

Aunque hay quien lo ve víctima del síndrome de Asperger, Sheldon ya tiene bastantes peculiaridades no diagnosticadas: asocial, asexual, hiperfóbico a los gérmenes, aficionado a los presentaciones meticulosas, un Funes memorioso… Todo lo dicho hasta el momento, lo debiera convertir a ojos del espectador en un ser odioso, un personaje al que expulsar de nuestras vidas, pero hay dos cosas que lo salvan y aquí radica su éxito.

Él es infeliz, profundamente infeliz y son muchos los capítulos en los que sentimos compasión. En un memorable episodio, Sheldon recrea un diálogo en el que Spock viene a la tierra para llevarse al pequeño Cooper hacia el futuro y éste, arrastrado por las emociones, pide entre sollozos quedarse con su mamá. En varios, un simple resfriado lo desarma y convierte en un triste muchacho y siempre, siempre se siente incomprendido. Dibuja ucronías, universos paralelos, amplias redes sociales en las que sustentarse. Es el personaje del que más evocaciones o datos sobre su infancia se obtienen a lo largo de la serie: la relación con su abuela, sus riñas familiares y en multitud de ocasiones, el teórico se desdibuja en un niño que ruega una nana, que lleva unas orejas de Goofy o es “literalmente” adoptado por Leonard y Penny.

¿Cómo un estereotipo puede dar esta amplitud, convertirse en un ser humano? Jim Parson ha recibido merecidamente varios Emmy (y los que recibirá) y casi siempre ha dado las gracias a sus writers. Ellos han dotado a su figura de una historia, de un alma. Más que un Nerd, es ya en esta quinta temporada un entrañable incordio, un Loser que como Superman, tiene más que un traje con el que aparecer en escena. Todos queremos a Sheldon Cooper.

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